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OPINIÓN

Rodrigo Rosas, Técnico Sup en PRL.

Jornada sobre PRL organizada por la consejería de empleo de la Junta de Andalucía

Doble cara en la economía de la prevención

Rodrigo Rosas es periodista, auditor de Sistemas de Gestión de la PRL y formador ocupacional
Prevenir no es más que poner en juego todo un conjunto de medidas destinadas a reducir los riesgos habidos en el trabajo. Si ya de por sí es complicado concebir su significado como práctica empresarial, más aún lo es entender su inclinación en la siguiente dicotomía: ¿positividad como inversión o negatividad ante el gasto?

Sobre esta debatida base pedagógica transcurrió una jornada organizada por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía en el hotel Vincci Málaga el pasado mes de junio de 2011. Interesantes experiencias transmitidas por vivas voces de expertos en la materia.  

En torno a la cuestión ¿cómo se ve afectado el tejido empresarial en el flujo monetario preventivo?, Rogelio Olavarri, catedrático de Organización de Empresas por la Universidad de Cantabria,  ofreció una particular visión de la economía preventiva: “la inversión en prevención no es percibida en el corto plazo, cisma provocado entre la inmediatez del resultado y los valores organizativos”.  Apeló, como punto introductorio, al concepto del valor monetario como compendio de todos los recursos a los que debemos renunciar. Con otras palabras, todo lo que se deja de hacer para asegurar el fin preventivo. En su intervención, fijó como objetivo el abordaje de los problemas identificados, difícilmente traducibles en hojas de cálculo. Es decir, expresar con palabras las cifras numéricas. Quien soporta los costes es precisamente el encargado de implantar y desarrollar las medidas correctoras: el empresario. 

De igual modo, Olavarri puso en interrogante el significado de la gestión preventiva: ¿cómo se comportan realmente los empresarios? A su pesar, observa la presencia de una extraña patología llamada miopía, nacida del error determinista en las modas de gestión. Así lo reconocía el propio catedrático: “si la información es inmediata se puede caer en el error de la estimación y de lo más inmediato. Es decir, no haber digerido la información“.

Acto seguido comparecía Juan Carlos Rubio, director de la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad de Málaga, quien ejerció de anfitrión en el evento. “El valor de una vida como aspecto infinito y cuestión ética, entroncada con la realidad metafísica, se lo damos a nuestra propia vida, a la familia a terceras personas (amigos o allegados). Luego, ¿cambiamos la prevención del riesgo y la calidad de vida por renta? No tiene un valor único ni para la sociedad”, explicó J.C. Rubio en su intervención.

gráfica

Su presencia en el acto vino justificada por la intención de responder a la siguiente cuestión: ¿es lícito preguntarse por rentabilidad en prevención? Por un lado, habría que interrogarse por el valor de la vida humana,  incidir en el valor económico como vía de evitación de los impactos negativos en la salud y, en última instancia, por el impacto económico. 

Como sano ejercicio, recomendó “transmitir lo que no queremos escuchar y asumir lo que no nos gusta”, antes dar el giro definitivo a la arraigada concepción de la prevención como gasto empresarial, argumentando que la reputación atrae al talento y este a las nuevas inversiones. “Cualquier decisión de la empresa tomada en el cuello de la botella no solo hay tomarla desde el punto de vista económico”, sentenció. Visto así, otros valores como el prestigio, la ética o la responsabilidad social corporativa deben cuidarse con especial mimo. Y es que las empresas con reputación externa lo son también internamente.

Por su parte, Manuel Bestratén, consejero técnico de Dirección del Centro Nacional de Condiciones de Trabajo, perteneciente al Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, abogó por la necesidad de apostar por el cambio en el modelo empresarial, desde el relanzamiento del valor humano. Quiso recalcar convincentemente que detrás de un buen producto, barato y de calidad, se esconde alguien volcado en hacer el bien, sinónimo de calidad integral.  Elocuente en su discurso, directo en el habla y crítico con el funcionamiento del empresariado en nuestro país, arengó al auditorio, concitando la atención de la mayoría. “A veces perdemos mucho tiempo diciendo cosas y lo verdaderamente importante no lo decimos. No se puede partir de un análisis convencional, sino penetrar en el mundo de los intangibles, en aquello que no se toca”, sostuvo Bestratén. Clara alusión a la falta de calidad en el trabajo. Hacer partícipes a las personas en la toma de decisiones empresariales de aquello que pueda afectar a la seguridad y salud no es fácil, aunque quede prescrito legalmente en el artículo 18 de la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales, de 8 de noviembre. No es baladí. Si el trabajador está a gusto, se sentirá mejor y si se siente mejor, se verá más integrado en la empresa. 

Tras la introducción inicial, Bestratén puso en tela de  juicio una cuestión en boga: ¿cómo contribuir al hecho empresarial mediante la inversión en Prevención de Riesgos Laborales? Apostó en su conjunto por un capital intelectual formado por verdaderos líderes, personas estigmatizadas por el don de aunar voluntades. 

Dedicamos el último párrafo de la crónica a Francisco Jesús López, responsable del Servicio de Prevención Propio de la fábrica Valeo Iluminación de Martos (Jaén), erigido en protagonista al pronunciar un contundente llamamiento a la acción preventiva: “cuando se controlan los factores de riesgo, que un accidente ocurra es cuestión de suerte. En cambio, cuando no se controlan, que un accidente ocurra es cuestión de tiempo”.   

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