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ART.TÉCNICO

Evaluación de la formación

04/12/2015 - Adolfo Pavón Cabrera, técnico superior en prevención de riesgos laborales y formador
Cuando hablamos de evaluación nos estamos refiriendo a una parte del proceso que permitirá valorar los resultados de la actividad formativa y cuya parte más conocida es la que trata de verificar en qué medida se han cumplido los objetivos del aprendizaje.

Entre las numerosas responsabilidades que tenemos los técnicos de prevención está la  investigación de los accidentes de trabajo. Cuando te encuentras delante del lugar del accidente, escuchando los nerviosos relatos de los testigos, saltan a la vista cantidad de carencias y errores que hay en materia de prevención. Después llega el momento de redactar el informe del accidente, y sin temor a equivocarme, una de las medidas preventivas que repito constantemente y a la que doy más importancia es la de formar a los trabajadores.

En la mayoría de los casos son trabajadores que ya habían sido formados anteriormente, lo que me hace preguntarme por la eficacia de la formación en materia preventiva. ¿Cuánto de lo que transmitimos en cada curso es entendido? ¿Y cuánto de lo entendido es puesto en práctica para evitar un accidente? No voy a negar, por supuesto, la importancia de la formación en materia de prevención. Sin embargo, son muchas las ocasiones en las que me pregunto si es adecuado el enfoque que le damos los profesionales a esta materia. Es por ello que debemos hacer una reflexión y tener en cuenta que cada proceso formativo debe ser evaluado correctamente o, dicho de otra manera, dar la importancia que se merece a la evaluación del proceso formativo.

Cuando hablamos de evaluación nos estamos refiriendo a una parte del proceso que permitirá valorar los resultados de la actividad formativa y cuya parte más conocida es la que trata de verificar en qué medida se han cumplido los objetivos del aprendizaje.

Formalmente podemos dividir está evaluación en tres estadios: inicial, formativa y sumativa. Sin embargo, la peculiaridad de este tipo de formación va a hacer que no siempre sea fácil ahondar en cada uno de ellos.

Evaluación inicial

Ésta se realiza al principio del proceso y hace referencia a la situación de partida. Este es uno de los momentos más importantes del proceso formativo, ya que de él va a depender que podamos o no cumplir los objetivos.

Un proceso formativo mal diseñado puede llevarnos al fracaso de dicha formación. Para un correcto diseño debemos fijarnos, como en cualquier proceso de comunicación, en el emisor, el receptor, el canal y, por supuesto, el contenido.

El profesor debe estar cualificado para la actividad docente. No digo que un técnico superior en prevención de riesgos laborales no lo esté, de hecho conoce sobradamente los contenidos. Sin embargo, el carácter multidisciplinar de la profesión y las diferentes motivaciones de cada uno de los técnicos hacen que se dé la paradójica situación de que una persona con pánico a hablar en público o sin habilidades docentes se encuentre delante de un auditorio para realizar una formación. En el extremo contrario nos encontramos a quien trata al alumno como a un amigo y olvida marcar unas mínimas normas de educación y decoro. Por tanto, sería importante ahondar en las aptitudes docentes del técnico.

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Por parte del alumno, debemos tener en cuenta su perfil a la hora de diseñar el proceso formativo. Como técnicos nos hemos encontrado con todo tipo de alumnos, los que cuentan con un nivel educativo alto, incluso con conocimientos técnicos, y los que apenas saben leer y escribir y que hacía mucho tiempo que no se sentaban en un aula para recibir formación. Estas variables deben condicionar tanto el diseño, como la impartición del curso.

En cuanto al diseño, el tipo de alumno debe influir en los contenidos. Por ejemplo, si el curso está diseñado como formación inicial para un grupo de trabajadores que acaban de empezar en su puesto de trabajo, los contenidos irán enfocados a la información básica en materia de prevención, sobre los riesgos más importantes y sus medidas preventivas y los procesos de trabajo seguros. En el caso de la formación continua de trabajadores experimentados, el enfoque tendrá más que ver con el recuerdo y la sensibilización que con la asimilación de conceptos que ya son conocidos. Son muchas ocasiones en las que los trabajadores me dicen “este curso yo ya lo he hecho”; es ahí donde cometemos el error, al plantearlo como una repetición, más que como una sensibilización. Ya en la NTP 559 relativa a los sistemas de gestión preventiva, en cuanto a formación e información, divide la formación en inicial y continua.

Es, por tanto, en este momento donde debemos diseñar correctamente los contenidos, para evitar una pérdida de interés del trabajador. Los contenidos deben ser consecuentemente adecuados al alumno y a los objetivos, interesantes, cercanos y creíbles, para que el trabajador se identifique con ellos y se sienta parte del proceso formativo.

Evaluación formativa

En cuanto a la evaluación formativa durante el proceso de la formación, tiene carácter regulador, orientador y autocorrector. Por ejemplo, debemos preguntarnos, ¿estamos utilizando el lenguaje correcto? ¿Nos estamos adecuando a los tiempos y contenidos planteados? ¿Estamos siendo lo suficientemente dinámicos? ¿Utilizamos ejemplos adecuados? ¿Hacemos participar a los trabajadores? ¿Hemos conseguido involucrarles en la formación?

En muchas ocasiones nos encontramos con grupos que están siendo formados en horarios difíciles o después de unas horas de trabajo, lo que aumenta la sensación de obligación y malestar de los trabajadores. Incluso encontraremos algún trabajador con poca motivación que realice algún comentario del tipo “esto no sirve para nada”. Ese es el momento donde el formador debe poner más de sí y dar la vuelta a la tortilla: debemos hacer que los trabajadores se sientan parte de la formación, debemos hacer visibles las ventajas de la misma y, para ello, debemos evaluar nuestra presencia en el aula, nuestra capacidad de comunicar y nuestra empatía. Si el chico de la tercera fila está cerrando los ojos es que algo no va bien, pueden ser los contenidos, nuestro tono de voz o incluso puede ser que debamos bajar la calefacción del aula. Todo se debe tomar en cuenta.

Evaluación sumativa

En cuanto a la evaluación sumativa, la que se lleva a cabo al final de la formación, es la que más desarrollamos ya que es difícil encontrar un curso donde no se realice al menos un pequeño examen al final. Sin embargo el examen se refiere normalmente a los conceptos y mi opinión es que es un error dedicarnos en exclusiva a ellos, ya que en muchas ocasiones nos encontramos accidentes de trabajo donde el trabajador dominaba los conceptos y a pesar de ello ha tenido un accidente.

Es, por tanto, necesario evaluar también la parte procedimental y actitudinal del trabajo. Si entendemos éste como un conjunto complejo de conceptos, procedimientos y actitudes, no puede esto dejar de ser un reflejo de la formación y, por tanto, debe ser evaluado adecuadamente. Tanto es así que tenemos que adaptar los exámenes a esta realidad e incluso realizar otro tipo de pruebas en función del puesto de trabajo, como por ejemplo casos prácticos donde se ponga de manifiesto la realidad de los accidentes de trabajo con altos componentes procedimentales y actitudinales.

Es evidente que este pequeño artículo no es más que un boceto del importante trabajo que debemos realizar para evaluar la formación preventiva. Sin embargo, pone de manifiesto su importancia a la hora de hacer que nuestro trabajo como técnicos sea más útil en la práctica.

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