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OPINIÓN

Alfonso García-Cardó, Director técnico de Wakaru

Formación en PRL: la experiencia previa como elemento distorsionador

Mientras en otros ámbitos formativos la experiencia propia previa posee una connotación generalmente positiva, en prevención de riesgos laborales (PRL) puede convertirse en un elemento más perjudicial que beneficioso.

Cuando las personas, en base a su experiencia en exposición a riesgos y a la realización de determinadas conductas asociadas a dicha exposición, formulan sus propias teorías de exposición-materialización del riesgo (accidente o enfermedad derivada del trabajo) pueden provocar que estemos ante reflexiones o teorías poco reales o fantasiosas.

Cuadro explicativo formación en PRL

Cuando el día a día genera la repetición de una misma combinación de experiencias, las asociaciones se acumulan y llegan a ser más estables y permanentes. Si cada día se asumen conductas arriesgadas y no sucede nada, el sujeto creerá que nunca le va a ocurrir ningún percance. Cuando comprobamos que algún trabajador manifiesta teorías similares a esta, es entonces cuando la argumentación y fundamentación de la formación en PRL deben ser más exhaustivas.

Las percepciones de la realidad interna poseen la misma relevancia que las percepciones de la realidad externa

Está demostrado que la inscripción, transcripción y asociación de las huellas que dejan las experiencias en nuestro cerebro son realizadas a través de mecanismos de plasticidad sináptica de forma que una experiencia no deja una huella exacta al acontecimiento externo, sino que también adopta una forma o estructura de experiencias previas iguales o similares. Es decir, adoptar conductas arriesgadas y no padecer ningún incidente o accidente puede generar que la percepción o valoración de una situación determinada (riesgo basal) tenga cada vez un mayor sesgo respecto del riesgo real. Esta fantasía alimenta la conciencia, del mismo modo que incide en la parte psíquica y, por tanto, en sus conductas -y es posible que se adopten conductas que estén más basadas en aspectos fantasiosos que objetivos-.

Influencia en la conducta

Cada experiencia influye en la próxima conducta e incluso puede transformar la percepción/valoración de las experiencias previas. Las huellas se inscriben, se asocian, desaparecen y se modifican a lo largo del tiempo. Las huellas inscritas en la red sináptica determinan la relación de la persona con su entorno organizacional y con el de su puesto de trabajo. La realidad interna incide en la percepción de la realidad externa y en la elaboración contextual.

Las percepciones y las experiencias alimentan la memoria no consciente, o lo que autores1 denominan “memoria procedimental”, que nos permite, por ejemplo, realizar movimientos de una tarea sin necesidad de revisar de manera consciente y continua cuáles son los pasos a seguir. Se llevan a cabo movimientos sobre los que la persona no tiene excesiva conciencia y en los que una simple alteración del entorno o de la situación habitual puede suponer un accidente, ya que el individuo no está atento o en alerta en cada movimiento que desempeña (por ejemplo, un cuchillo de despiece que sea guardado en un cajón en sentido inverso al habitual).

La experiencia percibida y asumida se transforma y desdibujan por las conexiones y asociaciones, lo que alimenta la percepción endopsíquica, una realidad inconsciente que desempeña un rol que incide en la conciencia psíquica. La fantasía influye en la conciencia del mismo modo que las percepciones, además de determinar producciones psíquicas y las conductas de la persona. En resumen, las percepciones de la realidad interna poseen la misma relevancia que las percepciones de la realidad externa. La realidad interna inconsciente genera sus propios estímulos, y estos inciden en la conducta del sujeto.

Existen dos fases diferenciadas: primero está la inscripción de percepciones externas en la parte neuronal; segundo, la inscripción que no posee relación directa con la realidad externa y que fundamenta la realidad psíquica. La primera fase, es consciente y propia del aprendizaje y de los recuerdos conscientes y evocables. La segunda fase facilita la creación de la realidad interna inconsciente que alimenta las construcciones fantasiosas, por lo que para incidir en esta segunda fase deberemos necesariamente mejorar los razonamientos y ejemplificaciones de la formación que se imparta.

Aprendizaje

 La interrelación de las asociaciones es tratada desde todas las tipologías de aprendizaje. Pero cuando cualquiera de las experiencias llega a enlazarse con otra, cada vez que se excita una, se le llama a otra: es lo que se conoce como “aprendizaje asociativo”. Conocer la idiosincrasia de este aprendizaje permitirá aplicar estrategias más efectivas.

No hace falta que estemos hablando de experiencias o conductas idénticas para que se generen estas asociaciones, simplemente que la persona les encuentre una cierta similitud: la asociación es inmediata. Por ello, en muchas ocasiones la formación en PRL incluye ejemplos del ámbito doméstico o de la seguridad vial.

Cerebro

No se debe olvidar que en ocasiones las personas adoptan conductas no-preventivas por falta de formación lo que hace que ante una deficiente formación en PRL -cuando las personas están ante situaciones anómalas y no poseen excesiva información- adquiere más relevancia la información interna, aquella que se va adquiriendo a partir de las experiencias propias y aprendizajes (tal y como manifiesta Lazarus2), lo que genera que si se asumen riesgos en un determinado ámbito, también se asuman en otros.

En el diseño de la formación en PRL debemos tener presente que la experiencia y la fantasía están relacionadas en cierta medida, ya que la fantasía se convierte en una nueva fuente para la vida psíquica del sujeto y a la cual fácilmente se puede recurrir e influenciar en la adopción de conductas no-preventivas.

En formación en PRL debemos considerar que cada persona se convierte en una excepción a lo general, a lo estandarizado, aspecto que ya se tienen en cuenta, por ejemplo, las neurociencias. El mundo de la salud laboral debe fundamentarse en una formación genérica y específica del puesto de carácter general (para cualquier persona) pero que siempre debe ser complementada por una formación individualizada y personalizada. Esta última formación debe atenuar la influencia de criterios y valoraciones erróneas sobre riesgos y la exposición a los mismos.

Cada vez tiene un mayor sentido detectar de manera exhaustiva qué necesidades formativas existen a nivel individual en materia de PRL.

Nota: Este texto es incompleto para formaciones asociadas a estados somáticos, como por ejemplo, para tratar el estrés.
(Endnotes)

 1 EICHENBAUM, H.B. et al. (1999): Learning and memory: systems analysis. Fundamental Neurosciences. San Diego.

2 LAZARUS (1976): Patterns of adjustment. New York: Mc Graw Hill. 

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