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OPINIÓN

María Botana, Responsable centro información PRL de la Conf. Empr. La Coruña

Retos en prevención

Si echamos la vista atrás, podríamos asustarnos de la cantidad de recursos destinados a actuaciones formativas en materia de prevención de riesgos laborales (PRL) desde la entrada en vigor de la Ley que la regula. Si bien es cierto que eran necesarios, también se ha comprobado que no ha dado los frutos esperados ya que todas las esperanzas que se depositaron en la formación como motor del cambio para generar cultura preventiva en las empresas no han alcanzado las expectativas deseadas.

Una de las acepciones que recoge la Real Academia Española para el término cultura indica que es el “conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”, y mal que nos pese, tradicionalmente el nuestro no se ha caracterizado por adoptar criterios preventivos en la forma de ser y de trabajar. Recordemos que las corridas de toros son consideradas una de las expresiones de la cultura hispánica donde precisamente la seguridad es un tema peculiar, porque intentar evitar los accidentes en este caso implicaría dejar de torear. 

Formación 

Volviendo al asunto de la formación, no se identifican acciones específicas para las empresas, para los distintos puestos de trabajo y mucho menos para los distintos trabajadores y trabajadoras, que de un modo u otro, tienen percepciones del riesgo distintas ante las mismas situaciones. Se suele solventar la obligación legal de formar a los trabajadores/as mediante cursos estándar en los que al farmacéutico le hablan de huecos de ascensor y al albañil de pantallas de visualización de datos. Y eso no es lo aconsejable. 

Las empresas han destinado muchos recursos en este campo y difícilmente podrán visualizarlo como una inversión, ya que no se recogen frutos cuando la formación no está adaptada al entorno de trabajo y no se personaliza. Además, otra cuestión a señalar es su carácter puramente teórico. ¿Cómo puede ser que un/a responsable de emergencias, que en algunos casos es hasta técnico superior de PRL, nunca haya manipulado un extintor? ¿Realmente tenemos conciencia de que en una situación de emergencia probablemente nos pongamos nerviosos y los conceptos teóricos puede que no nos afloren con fluidez? Por ello, cuando en los centros de trabajo se apuesta por formación teórica y práctica personalizada, desarrollando simulaciones, con talleres prácticos o buscando mecanismos que permitan reproducir fielmente una situación de riesgo en la empresa, los trabajadores y trabajadoras se involucran de forma instantánea en la búsqueda de mejoras preventivas para sus propios puestos de trabajo. Dicho de una forma muy simple, es útil. 

La Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo (2007 - 2012) recoge en su objetivo 5 una apuesta por la actividad investigadora en PRL

Esta utilidad debe visualizarse tanto por el empresario y empresaria como por los trabajadores y trabajadoras y así, finalmente, sí conseguiremos cambios, lentos, pero que irán condicionando nuestras formas de trabajo y nuestras actitudes ante los riesgos laborales.Las empresas deben esforzarse para exigir criterios de calidad a las entidades formativas y, para ello, pueden buscar apoyo y/o asesoramiento a través de las asociaciones empresariales o colectivos de profesionales, garantizando que las actuaciones en formación preventiva se adaptan a sus necesidades.

Investigación

Además de las cuestiones formativas que redundan en la cultura preventiva, otro reto para la mejora de la prevención de riesgos laborales es la investigación y desarrollo en este campo. Muchos sectores de actividad han experimentado cambios profundos en los últimos años que implican nuevas formas de gestión y de producción. La tecnología ha tenido, tiene y tendrá una influencia importante en los métodos de trabajo condicionando a su vez los perfiles profesionales de muchos trabajadores y trabajadoras. Es lo que tiene la modernización, pero también trae consigo nuevos riesgos sobre los que es preciso profundizar para poder controlarlos adecuadamente. Para ello, solo mediante los resultados de los estudios y ensayos del que se anticipa a estas situaciones, podremos tomar medidas preventivas.

Conscientes de ello, la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo (2007-2012) recoge en su objetivo 5 una apuesta por la actividad investigadora en PRL, integrándola en el marco del Plan Nacional de I+D+i y en concordancia con el VII Programa Marco Europeo de Investigación.

Escasamente ambicioso, este objetivo es el único que apuesta por la innovación en materia preventiva desde nuestra Administración. ¿Y las empresas? Realmente apostar por la innovación no es tarea fácil, ya que se trata de una inversión a largo plazo, es un acto de confianza no gratuito y puede que difícil de mantener actualmente. Por ello, son pocas -o muy pocas- las empresas que apuestan por ser más competitivas mediante una estrategia de innovación en PRL. Pero ese es el camino, quizá el único. 

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Las organizaciones pequeñas y las muy pequeñas pueden buscar alianzas y apoyos a través de las asociaciones empresariales que dispongan de los recursos necesarios para impulsar la innovación en materia preventiva. Básicamente hacer networking, ahora que está tan de moda.

Un campo para innovar en prevención es, sin duda, la gestión integrada de la política de PRL de una empresa, que refleja la preocupación que la organización tiene por sus trabajadores y trabajadoras. Otro reto por tanto es el de innovar en herramientas de gestión que favorezcan la responsabilidad social de las empresas y la generación de empresas concienciadas con la protección del bienestar laboral.

Responsabilidad social empresarial o corporativa

La responsabilidad social empresarial o corporativa (RSE o RSC) cuenta con muchas definiciones, quizá tantas como expertos, pero puede resumirse en la necesidad de adquirir compromisos de orden social, ambiental y económico que otorgan valor añadido a la empresa. Algunas empresas apuestan por la RSE desde una óptica de marketing, visibilizando solo determinadas actuaciones en pro del medio ambiente o de la sociedad, pero también muchas organizaciones asumen como estrategia empresarial la RSE, lo que implica que todos los departamentos, todas las actividades y todos los agentes relacionados con la empresa se verán afectados por la óptica de la responsabilidad social. 

En materia preventiva, la RSE no será un sustituto de la legislación ni tampoco se convertirá en una solución mágica que mejora la PRL de los trabajadores y trabajadoras, pero sí un aspecto cuyo desarrollo puede regenerar la práctica de la prevención en las empresas.

Arrancó este 2012 con un cierto optimismo sobre una disminución del número de accidentes en nuestro país, que traducido a contexto de crisis puede resultar un tanto relativo, ya que el descenso de actividad camufla una supuesta mejora de las condiciones de seguridad y salud en el trabajo. Y aunque los índices de incidencia muestran que hemos mejorado la situación con respecto al año anterior, todavía tenemos muchos retos que afrontar para garantizar que el cambio en la cultura preventiva llegue y se quede.   

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