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ART.TÉCNICO

Un beneficio para todos

12/11/2014 - Amalio Sánchez, director del ICASST.
Cuando se produce un accidente de trabajo, y sobre todo cuando a consecuencia del mismo fallece el trabajador, saltan todas las alarmas, en la empresa se produce un impacto traumático que suele hacer que se replantee toda su política preventiva y da lugar a que se modifiquen estructuras. Sin embargo, los accidentes si se previenen adecuadamente, son evitables.

Cuando se produce un accidente de trabajo, y sobre todo cuando a consecuencia del mismo fallece el trabajador, saltan todas las alarmas, los medios de comunicación se hacen eco como noticia de primera página, en la empresa se produce un impacto traumático que suele hacer que se replantee toda su política preventiva y da lugar a que se modifiquen estructuras; en el sector de actividad en el que ocurrió el accidente también se toma el hecho como un importante referente, se inicia por parte de los órganos competentes de las administraciones (institutos de prevención de riesgos, Inspección de Trabajo y Seguridad Social) los procedimientos de investigación, se abren diligencias en Fiscalía y Juzgados a fin de determinar la posible existencia de responsabilidades y, en definitiva, se ponen en marcha todos los mecanismos de reparación y compensación.Sin embargo, los accidentes si se previenen adecuadamente, son evitables.

En la investigación de los accidentes se acaban determinando lo que denominamos causas inmediatas, como las que de forma más cercana han dado origen a la acción, vinculadas siempre a lo último que ocurrió (falta de una protección, no utilización de una prenda de protección personal, una distracción del trabajador, etc.) y también se analizan las causas mediatas alejadas del momento del suceso, aquellas que han puesto las condiciones para que pudiera concurrir la última causa que origina el accidente (derivadas de la organización de la empresa, procedimiento empleados, formación de los trabajadores, etc.) y se suele acabar con una conclusión de que, adoptando unas y otras medidas, el accidente podría haberse evitado.

Políticas preventivas

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Partiendo de esta premisa –y que aunque el objetivo de las políticas de prevención no solo deben dirigirse a prevenir los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, sino también mejorar las condiciones de trabajo con el objetivo de hacer empresas saludables–, es un axioma generalmente aceptado que es más rentable prevenir que reparar. Por ello, abordaremos los elementos claves que a nuestro juicio deben ser el objetivo de estas políticas preventivas.

La primera de ellas pensamos que debe ir dirigida al ámbito educativo. Todos los expertos están de acuerdo que para realizar cambios sociales hay que actuar en el ámbito educativo. Por ello, es imprescindible difundir e inculcar la cultura de la prevención en todos los sus niveles, con los más pequeños, para que sean conscientes  de los riesgos, los identifiquen y sepan actuar frente a ellos. El trabajo en estas primeras etapas de la educación, es clave. En el resto de los niveles la educación en prevención debe hacerse de forma trasversal: a la vez que los alumnos están adquiriendo los conocimientos de lo que va a ser su futura profesión deben incluirse, al mismo nivel, los riesgos y medidas preventivas que conlleven. Estas políticas de prevención en educación se están impulsando conjuntamente desde el Instituto Cántabro de Seguridad y Salud y la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria.

Si pasamos al mundo laboral, la política preventiva más importante es la de trasmitir y convencer al mundo empresarial de que la prevención es rentable desde todo punto de vista y que invertir y trabajar en prevención es muy agradecido. Basta recurrir a un  ejemplo que tiene mucha repercusión en los medios de comunicación, y por tanto en la sociedad, como es el de los accidentes de tráfico. Con mayor sensibilización, divulgación y control, todos conocemos cómo se han reducido los accidentes de tráfico.

Lo mismo ocurre con los accidentes de trabajo: trabajar en la prevención de los mismos es agradecida, solo hay que tener fe en ello y trabajarlo. Como ejemplo, en Cantabria, en el año 1973 había 39 accidente de trabajo mortales y 15.399 con baja, con una población activa una cuarta parte inferior a la actual. En 2013 hubo 5 fallecimientos y 4.255 accidentes con baja. La evolución ha sido muy importante y refleja que el esfuerzo realizado, merece la pena.

Para actuar en el ámbito laboral desde el Gobierno de Cantabria, a través del Instituto Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo-ICASST, se han diseñado diversos programas de actuación. Todos ellos tienen en común que nacen desde el consenso en el órgano de participación de empresarios y trabajadores (el Consejo Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo).

Causas mediatas o remotas de los accidentes

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Nos parece que una parte importante de nuestro esfuerzo tiene que estar dirigido a evitar lo que denominamos “causas mediatas o remotas de los accidentes”, es decir a lograr que las empresas mejoren  su organización, sus procedimientos; en definitiva, que adecúen su gestión en prevención integrándola en su gestión ordinaria. Son programas a medio y largo plazo pero que son los que producirán la transformación necesaria en la conducta empresarial. Ejemplo de estos programas son el Proyecto Objetivo Cero Accidentes en el que se ha integrado medio centenar de empresas de Cantabria.

Asimismo, otros proyectos van dirigidos directamente a aquellas empresas que anualmente vienen presentando unos índices de siniestralidad más elevados. Se trata de seleccionar aquellas empresas que por el número de accidentes necesitan una labor de control y asesoramiento directo por parte del ICASST y lograr que de una forma inmediata y a corto plazo reduzcan su siniestralidad.

Los programas de control de la siniestralidad han permitido que en la última década se reduzca de una manera importante el índice de incidencia en Cantabria que compara el número de accidentes por cada cien mil trabajadores, que en 2003 era de 6309 y en 2013, 2639, muy por debajo de la media nacional.

Si antes hemos destacado la importancia de las políticas en materia de educación para crear una cultura preventiva en los alumnos que en un futuro se incorporarán al mundo laboral, también nos parece clave el que los profesionales dedicados a la prevención tengan una formación adecuada y actualizada de sus conocimientos. Cómo los apliquen en las empresas en que trabajan dependerá que se haga una buena prevención. Desde el ICASST se diseña anualmente un programa de formación especializada dirigida esencialmente a especialistas y profesionales de la prevención con el fin de actualizar sus conocimientos y que puedan desarrollar más eficazmente su labor. Dentro del programa de formación se destaca también la celebración de talleres en los que se intercambian experiencias y buenas prácticas en materia preventiva. Y es que la prevención es una labor de todos. Y todos nos beneficiamos de la prevención.   

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