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OPINIÓN

José M Lanillos, Profesor del centro formación en altura de TINDAI

El particular escenario del trabajo de altura

El trabajo en altura es una de estas tareas en las que influyen una buena cantidad de factores que pueden hacer que cada día se convierta en un gran reto.

Existen actividades laborales que se desarrollan en un contexto muy especial, incluso pudiéndose llegar a un entorno extremo por su complejidad, dificultad técnica y características. En estos casos, se suele invertir en planificación, pues la complejidad de la situación así lo exigirá. Pero muchos otros trabajos se realizan en altura para realizar tareas no tan espectaculares, donde la puesta en escena del trabajador es aparentemente sencilla, aunque no por ello exenta de un riesgo real de caída.

Trabajo en altura

Aquí no vale todo. Se requiere un adelantado concepto de profesionalidad en todos los aspectos que integran una actividad de carácter técnico, exigente y multidisciplinar.

Hagamos un rápido repaso de algunos aspectos que deberemos tener en cuenta a la hora de planificar y gestionar adecuadamente los trabajos en altura:

Aspectos psicológicos del trabajador. La actitud con respecto al riesgo es determinante en la manera de encarar el trabajo. El miedo al vacío y a la caída es en un primer momento intrínseco en el ser humano, aunque la frecuencia a la exposición puede hacer que descienda notablemente el nivel de alerta. La madurez profesional con la que se gestionan estas sensaciones marca el que el trabajador pueda estar en muy distintas situaciones: en estado de alerta, pero con confort emocional, o por el contrario, sin la necesaria sensación de peligro, con estrés o incluso, desbordado por la situación.

La formación del trabajador. Durante esta formación resulta básico entrenar estos aspectos, haciendo que el operario adquiera capacidad de análisis crítico, que debe estar presente durante toda la exposición en altura. De este modo, identificará claramente los riesgos y seleccionará las medidas de protección más adecuadas, sintiendo seguridad en su entorno, confiando en el equipo, y lo que es más importante, en sus propios conocimientos. Se necesita una actitud abierta hacia “lo nuevo” con una buena capacidad de adaptación y de resolución de imprevistos para participar en posibles cambios o mejoras en el procedimiento empleado que sea aconsejable realizar. En este sentido, hay que destacar la necesidad de una verdadera formación continua del trabajador a lo largo del tiempo, que le permita profundizar y afianzar los conocimientos, despejar dudas, realizar prácticas, ensayos o simulacros. De esta forma, garantizamos su capacidad operativa de adaptación para responder a las necesidades cambiantes del trabajo real. 

Los equipos de protección. Deben ser siempre equipos de calidad, realmente apropiados al trabajo a realizar y en óptimo estado de conservación. En este punto, el control sobre el mantenimiento y revisión periódica de los equipos se convierte en primordial. Tal y como establece la EN 365, “personas competentes” deben confirmar que un equipo se encuentra en buenas condiciones, siendo apto para su uso. Por otro lado, recordando el apartado anterior, un equipo puede carecer de utilidad real si no se sabe usar correctamente en cada caso concreto.

Trabajo en equipo. El trabajo en altura no debe realizarse nunca en solitario, por lo que la coordinación del equipo humano tiene aquí una importancia, a veces, vital. No se trata solamente de una consecución de acciones conjuntas por los diferentes individuos que integran el grupo, sino que en situaciones extremas serán las propias personas las que contribuirán de manera fundamental a la solución de un problema. En caso de accidente, por ejemplo, serán los propios trabajadores los encargados de avisar y atender al compañero, en un ambiente posiblemente hostil (lejanía de núcleos urbanos, condiciones meteorológicas, ubicación del herido en altura etc.). 

Las características y la configuración de la estructura. Como es lógico, el lugar donde se realiza el trabajo marca de una manera determinante todo lo que allí ocurra. Un tejado de pizarra a 60 grados en el Pirineo no genera las mismas situaciones de riesgo que una cubierta de teja árabe y protección perimetral en el casco histórico de Madrid. En numerosas ocasiones, un cómodo acceso a través de escaleras o ascensor conducen a lugares aparentemente seguros, pero realmente expuestos a la caída. La ubicación de la estructura también es algo a tener muy en cuenta, especialmente de cara a la planificación de la evacuación de un eventual accidente en aquellos lugares lejos de núcleos de población.

Trabajo de altura 2_117

La complejidad del trabajo a realizar. Será muy distinta la organización si la tarea consiste en pintar, limpiar con líquidos corrosivos, si se van a utilizar maquinas pesadas, herramientas cortantes etc. Estas cuestiones deben determinar el enfoque que se dará, por ejemplo, a la decisión sobre los sistemas anticaídas que se utilicen y cómo estos serán compatibles con las tareas a desempeñar o, por el contrario, las medidas complementarias que es necesario adoptar.

La actitud con respecto al riesgo es determinante en la manera de encarar el trabajo

Condiciones ambientales. El RD 2177/2004 es claro al señalar que la meteorología influye de manera directa en la seguridad de los trabajos en altura. Es necesario establecer márgenes concretos, que deben ser conocidos por todas las personas implicadas. En este aspecto, como siempre, es mejor pecar de prudente que tener luego que arrepentirse. En otras ocasiones, factores ambientales como la oscuridad o el ruido intenso continuado, sumados a los riesgos intrínsecos de los trabajos en altura, provocan escenarios de trabajo más propensos a accidentes. Algunos ejemplos de estas situaciones son las tareas que se realizan de noche, en lugares con pocas posibilidades de iluminación, con la urgencia de realizar la reparación lo antes posible: averías en tendidos eléctricos, estructuras soporte de equipos de trasmisión etc.

Condición física y motriz del trabajador. Todo lo anterior debe ser complementado con una condición física y psicomotriz adecuada a la tarea a desarrollar. Muchos trabajos en altura requieren un claro esfuerzo físico, durante el acceso hasta el lugar de trabajo, en el manejo de herramientas y materiales, así como para la ejecución de la tarea en sí. Unos recursos personales aeróbicos y de resistencia cardiopulmonar adaptados al puesto mejoran el rendimiento y disminuyen las situaciones potencialmente peligrosas debidas al cansancio.

Conclusión

Como vemos son numerosos los aspectos que podríamos enumerar y que será necesario tener en cuenta. Estos dibujan y condicionan el escenario del trabajo en altura, desde las acciones más complejas y espectaculares, a las tareas más cotidianas. Cualquiera de ellas exigirá una adecuada atención para garantizar una gestión del riesgo y sus consecuencias.  

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