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OPINIÓN

Mª José Laguna, Master Univ. en PRL

Enfermos por la música

Poder hacer de la música una profesión es para los ojos del gran público un sueño pero la verdad es que muchos músicos padecen enfermedades crónicas como consecuencia de ello.

Por desgracia, esta realidad es absolutamente desconocida en nuestro país. Al contrario, la percepción social de esta profesión es que reúne todos los ingredientes para ser calificado como un trabajo bueno o muy bueno, por cuanto se realiza un tipo de actividad que, a la vista del público, conlleva la realización personal, es una labor que se ejecuta fácilmente sin ningún tipo de esfuerzo físico o mental, es vocacional e implica un disfrute constante de la música, además de la gratificación de los aplausos en los conciertos.

concierto

Pero todo esto no deja de ser una falacia de los sentidos. Si nos acercamos un poco más al mundo sinfónico,  y desde la óptica de la salud laboral, esta percepción se diluye igual que un espejismo, ya que nada más lejano de la realidad es considerar el trabajo musical en las orquestas como “modelo” en el marco de la salud en el trabajo. Por el contrario, en las  condiciones en que este se presta, están cercanos a un sometimiento excesivo, poniendo en riesgo la salud física y psíquica de los músicos.

La música, como cualquier actividad artística, compromete a la totalidad de la persona, y el verdadero instrumento no es el violín, la trompa o el contrabajo, sino su cuerpo, que se debe controlar y preparar para una tarea que exige muchas horas de trabajo y dedicación. Los movimientos que provocan daños, se acumulan durante tanto tiempo en la mente y cuerpo del músico que la enfermedad puede dar lugar al fin de una carrera musical llena de esperanza. De hecho, se calcula que hasta el 80% de los músicos terminan con enfermedades producidas por su trabajo. 

La investigación de CCOO

La Secretaría de Salud Laboral de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO decidió realizar, en colaboración con la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas (AMPOS),  un estudio sobre La salud laboral en los músicos de las orquestas sinfónicas. A lo largo de este año hemos recibido 309 encuestas de los cerca de 1.700 músicos de las 26 orquestas profesionales existentes en nuestro país. He aquí un pequeño adelanto de los numerosos datos obtenidos.

Cuando se les pregunta a los músicos sobre su lugar de trabajo, el 62.9% dice que su diseño no es adecuado a las necesidades de los componentes de la orquesta y el 69.6% contesta que no dispone de espacio suficiente para el estudio y/o la preparación de conciertos. De hecho, hemos podido comprobar en las visitas a las orquestas sinfónicas que los fosos de los teatros donde actúan no cumplen lo estipulado en el RD 486/1997 que establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo. Además, en un foso de orquesta se pueden alcanzar fácilmente los 120 dB, equivalente al nivel de ruido de una avioneta al arrancar, lo que produce también en el músico alteraciones en su sistema auditivo. 

El 46.5% ha padecido en los últimos dos años alguna enfermedad relacionada con el trabajo. El 63.8% ha sufrido en el último año trastornos musculoesqueléticos, porcentaje que aumenta en la sección de cuerda. Si se les pregunta sobre el nivel sonoro, al 99.2% le afecta a los oídos, a todos les afecta al sueño, a su umbral de fatiga, de ansiedad, de estrés y a las relaciones interpersonales. Al preguntarles si dispone de protección auditiva personal adecuada, contesta afirmativamente solo el 36.9%. 

A estas condiciones de trabajo hay que unirles otros factores que inciden incrementando los daños anteriores, afectando a la salud psíquica y emocional del músico. En este sentido, hay que resaltar que la actividad que realizan exige una atención alta o muy alta tanto en el trabajo individual como en los ensayos dirigidos o en las actuaciones en directo. 

Por otro lado, hay que señalar que el grado de participación en las decisiones que se toman en la empresa es muy reducido por no decir  inexistente. Esto llama la atención porque estamos ante un colectivo con estudios superiores y con gran desarrollo de habilidades y destrezas, similares a las de los médicos de hospital, abogados o ingenieros de industrias que sí ostentan capacidad de decisión en sus respectivas empresas. Y es que cuando se les pregunta por la participación en distintos aspectos laborales, el 94.1% contesta que no se le considera para fijar el número y tiempo de ensayo, al 79.7% tampoco para la resolución de incidencias y el 93.8% contesta que no se le consulta para la elección de obras a interpretar en la temporada. Ese mismo porcentaje opina que no participa en la planificación de su tiempo de trabajo. 

Estos porcentajes de no participación en las decisiones que se toman en la empresa -que afectan directamente en su trabajo- son altamente llamativos por cuanto es una característica que presentan los trabajadores sin cualificar un sistema de producción “fordista”. En el caso de las orquestas, el director piensa y decide, y los músicos son meros ejecutores.

La organización del trabajo

Hemos observado que, además de los riesgos para la salud que conlleva la práctica musical de cualquier instrumento, se añade el riesgo no descartable de trabajar en una orquesta sinfónica con una estructura jerárquica rígida en la que no cabe la participación de los músicos en aquello que les incumbe directamente a su trabajo, llámese tiempos, ritmo, participación en la elección de partituras, etc. Esta circunstancia implica que el riesgo intrínseco del puesto asociado a posturas forzadas, o movimiento repetitivo por ejemplo, llega a ser muy alto. Estos riesgos ergonómicos originan una serie de malestares en cadena de carácter psicosocial, cuyo origen son las condiciones físicas del trabajo y el bajo control que los músicos ejercen sobre este y que se ven incrementados por el estrés de las representaciones.

Lo más significativo de este estudio es que la organización del trabajo en las orquestas españolas es el eje fundamental que canaliza todos los males que sufren los músicos que trabajan en ellas, es el vaso comunicante que despliega los factores de riesgos laborales para los músicos. 

Solo una parte de los problemas de salud que presentan los músicos son achacables a la práctica del instrumento musical en sí. Otros factores tienen un origen organizativo y se han hecho visibles en este trabajo. Exponerlos desde su origen o causa -estructura de la empresa- debe permitir que los problemas de salud de los músicos no permanezcan ocultos para aquellos que se supone tienen la obligación de solucionarlos: las empresas para las que trabajan. 

Músicos

La organización del trabajo en las orquestas sinfónicas está percibida como una estructura de clases en la que existe una negación de la autonomía en la realización de las tareas que tienen encomendados los músicos.  Estos expresan su descontento con la cadena de mando (gestores y directores de orquesta) de una forma no organizada de manera colectiva. Sus patologías se relacionan con la forma en que se reparten los tiempos, ritmos de trabajo, espacio, luz, distribución no racional de partituras, etc. 

Desde el punto de vista de la salud laboral, estas patologías no pueden entenderse de otra manera que como una táctica de resistencia del organismo a unas condiciones de trabajo inadecuadas.

El descontento que manifiestan los músicos-artistas está relacionado con la forma en que se ejerce la autoridad: inequidad, discriminación en distintas vertientes, incluso humillación a veces.

La autoridad ejercida por el director de orquesta, dueño absoluto del criterio artístico, conlleva el sometimiento de los músicos sin plantear cuestionamiento alguno, ni lugar a la participación en aspectos que les afectan directamente en la forma de realizar su trabajo, como son los tiempos de ensayo y su distribución, y sobre todo la participación en el diseño de la programación anual. Y este sometimiento es ejercido sobre unos profesionales de alta cualificación y formación como son los músicos-artistas de una orquesta sinfónica.

El sistema de poder dentro de las orquestas también cuenta con la parte gestora de lo laboral, la Dirección de Personal, en equilibrio siempre con el poder de la parte artística. Ninguna de las dos partes permite la injerencia de la otra en su propio campo.

Desde un punto de vista técnico, la importancia de este trabajo sobre  La salud Laboral en los músicos de las orquestas sinfónicas, que será publicado por CCOO a primeros del próximo año, es haber hecho aflorar con una metodología comúnmente validada, unas condiciones de trabajo y salud preocupantes en los músicos de nuestro país. Sus conclusiones deberán ser un acicate para su mejora, conscientes de que antes que la cultura y al arte, tendremos que preservar la salud del artista. 

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