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OPINIÓN

Sara García Cabrero, Técn. de la Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente de USO

Problemática actual en la exposición al ruido. Propuestas de actuación

La exposición al ruido es algo generalizado en nuestra sociedad y, en muchos casos, está asumida como natural por los trabajadores y trabajadoras. Sin ir más lejos, en la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, el 34,8% de los trabajadores indica que en su puesto de trabajo el nivel de ruido al que está expuesto es molesto, elevado o muy elevado.

Este porcentaje crece en la industria y construcción hasta el 57,2% y el 62,1% respectivamente. Debido a esto, el año pasado se comunicaron 1.248 partes por hipoacusia, de los cuales la mayoría causaron baja.

Además del drama personal que conlleva la pérdida de audición, los gastos sanitarios y otros derivados del absentismo, rotación, etc., la presencia de ruido dificulta la comunicación y la concentración, pudiendo reducir de manera importante la productividad, generando mayores posibilidades de accidente e incidente laboral. Por todo ello, es fundamental que las partes implicadas contribuyamos a minimizar el problema. Los empresarios y fabricantes de maquinaria deben cumplir sus obligaciones legales, y desde la representación legal de los trabajadores, debemos ser especialmente vigilantes en el cumplimiento de la legislación en este aspecto.

El empresario debe eliminar los riesgos derivados de la exposición al ruido en su origen o reducirlos al nivel más bajo posible. A continuación vamos a analizar cómo se puede llevar esto a la práctica, qué problemas pueden surgir y cómo podemos intervenir los representantes legales de los trabajadores y trabajadoras.

Adquisición de maquinaria

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Un primer paso fundamental para eliminar el ruido en su origen será comprar máquinas lo menos ruidosas posibles. La Directiva Europea sobre Máquinas 2006/42/CE, transpuesta en España por el Real Decreto 1644/2008, nos va a facilitar las herramientas necesarias para tomar la decisión adecuada. Según dicha directiva, la información publicitaria que describe las características de funcionamiento de la máquina deberá contener la misma información que el manual de instrucciones acerca de las emisiones. Esta información, con la participación y la consulta a los representantes de los trabajadores, debe ser fundamental para decidir qué tipo de compra se realiza, -el empresario puede elegir la máquina que sea menos ruidosa y con ello evitar costes futuros-.

En los manuales, además de la información sobre las emisiones de ruido en valores numéricos, deben figurar instrucciones de instalación y montaje para reducir el ruido y las vibraciones, información sobre los riesgos residuales e información detallada sobre las medidas de protección a adoptar, incluyendo, si procede, los equipos de protección individual necesarios para el uso de la máquina.

La legislación, por tanto, es clara y exigente en este sentido, pero aún hay dos asignaturas pendientes. Por un lado, gran parte de los empresarios por un ahorro a corto plazo pueden llevar a cabo una elección equivocada de la máquina más económica y acabar perdiendo mucho más a largo plazo, por costes posteriores de implantación de medidas preventivas.

En cuanto a los fabricantes, muchos de ellos no se están ajustando a la normativa que les aplica. Según el reciente “Estudio sobre los manuales de instrucciones de las máquinas con respecto a los requisitos de ruido exigidos en la Directiva Máquinas” en el que colaboraron 14 países europeos, únicamente el 20% del total de los manuales estudiados indica la información necesaria sobre ruido y esta es además comprensible.

Evaluación del ruido

Tal y como exige la LPRL, el empresario, continuando con sus obligaciones, debe evaluar los riesgos que no haya  podido evitar. En la evaluación de riesgos se realizará, si se considera necesario, la medición de los niveles de ruido. Los representantes de los trabajadores participarán en la elección de método y en la planificación de la evaluación. La evaluación inicial será revisada cuando existan daños a la salud, además de con la periodicidad que se acuerde entre la empresa y los representantes de los trabajadores.

El empresario debe eliminar los riesgos derivados de la exposición al ruido en su origen o reducirlos al nivel más bajo posible

En la evaluación de riesgo se tendrá en cuenta a aquellos trabajadores especialmente sensibles al ruido. Este está incluido en la lista del Anexo VII del RD 39/1997 de agentes que pueden influir negativamente en la salud de las trabajadoras embarazadas, por lo que serán objeto de especial protección, tanto por los posibles daños a su salud como a la del feto. El empresario deberá determinar, según los resultados de la evaluación de riesgos -e incluida la consulta con los representantes de los trabajadores-, la relación de los puestos de trabajo exentos de riesgos a estos efectos.

Programa de medidas técnicas o de organización

Una vez realizada la evaluación de riegos, se planificará la acción preventiva mediante  el Programa de Medidas Técnicas o de Organización (PMTO).

Para ello, se realizará un estudio previo de diagnóstico, reuniendo la información necesaria. Esta información será relativa a las características de la actividad que pueden influir en el ambiente sonoro (la tasa de actividad de la empresa, la variabilidad  de las tareas y operaciones), a los trabajadores más expuestos y a las características estructurales del local para implementar las medidas preventivas adecuadas.

Es fundamental en esta fase la participación de los delegados y delegadas de prevención como conocedores de los procesos productivos y de su forma de ejecución.

Decisión sobre las acciones a emprender

Una vez reunida la información anterior, es necesario determinar qué actuaciones son las más adecuadas para reducir la exposición al ruido en cada caso. Se priorizarán las medidas de reducción técnica del ruido, actuando sobre la fuente emisora o sobre su medio de propagación.

Si la puesta en marcha de estas medidas no es suficiente para cumplir la legislación, se pueden aplicar medidas de tipo organizativo tales como proporcionar áreas de descanso silenciosas, rotar a los empleados que trabajan en puestos ruidosos o que las tareas ruidosas se hagan con el mínimo posible de personas presentes.

Medidas complementarias

Según los principios generales de la acción preventiva, el empresario deberá poner los protectores auditivos individuales a disposición de los trabajadores en caso de no poder implementar medidas de protección colectiva. La consulta a los representantes de los trabajadores es especialmente importante en la elección de estos; así se podrá optar por aquellos que se ajusten mejor a las necesidades, minimizando posibles incomodidades, y consiguiendo una mayor implicación posterior de los delegados y delegadas de prevención en el fomento de su uso.

La formación e información juega también un importante papel. La política de control del ruido y el PMTO deberían estar a disposición de los trabajadores y sus representantes.

La vigilancia de la salud facilita la detección precoz de problemas en la salud de los trabajadores, la identificación de los trabajadores especialmente sensibles y la adaptación de la tarea al individuo. En el ámbito colectivo hace posible establecer las prioridades en materia preventiva y evalúa la eficacia del plan de prevención, detectando posibles daños en la salud de la población trabajadora que motiven la revisión de las actuaciones preventivas. Los representantes de los trabajadores, ante quejas de los compañeros relativas a daños a la salud, pueden exigir la revisión de la evaluación y la puesta en marcha de las medidas necesarias.

Actuación de las partes implicadas

En orden a evitar problemas en la salud de los trabajadores, cada parte implicada debe cumplir su función. En cuanto a la Administración, debe ejercer su labor de divulgación, vigilancia y control para contribuir al cumplimiento de la ley por el resto de implicados. Los fabricantes deben subsanar las carencias apreciadas en la elaboración de manuales y apostar claramente por la fabricación de máquinas cada vez menos ruidosas.

Los empresarios son responsables de la protección a la salud de los trabajadores y trabajadoras y como tales deben asumir que el gasto en prevención es una inversión, apostando por medidas de prevención en el origen y contando siempre con la participación de los representantes de los trabajadores. Esto además les va a ahorrar costes futuros en implantaciones de medidas correctoras “a posteriori” y, sobre todo, el coste de los daños a la salud de los trabajadores, contribuyendo además a reducir el absentismo y la rotación laboral.

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