cabecera home
Edición impresa Ver sumarios Suscribete
Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
OPINIÓN

Carlos Benito Cornejo, Responsable de Ergonomía y Psicosociología, Higiene Industrial, Consultoría y Formación de MAPFRE

Mi forma de trabajar con una pantalla de visualización de datos

Desde el año 1995, con la Ley de Prevención de Prevención de Riesgos Laborales, y más concretamente, desde el año 1997, con el RD 488 sobre Usuarios de Pantallas de Visualización de Datos, el tiempo transcurrido es suficiente para permitirnos observar, con cierto detalle, los posibles logros y fracasos acontecidos sobre los trabajadores que, en las evaluaciones de riesgo, han sido considerados como usuarios de estos equipos de trabajo. Cada persona puede llegar a ser un mundo, por lo que podría haber tantos mundos… Pero aunque cada uno de ellos tenga sus propias leyes, algunas son comunes a todos ellos: la calidad y el ritmo del trabajo, la organización del mismo, la motivación,…

Cuando observamos cómo se desarrolla la realización del trabajo por parte de aquellas personas que utilizan habitualmente, como equipo de trabajo, el ordenador y, por tanto, la pantalla o monitor como principal elemento de interacción, nos damos cuenta de que las medidas universalmente establecidas hace tiempo también mantienen una homogeneidad para cualquier tipo de mundo, es decir, para cualquier persona.

La normativa en prevención de riesgos laborales es clara en esta cuestión, ciertamente básica, pero no podemos decir que sea difícil su interpretación. A lo largo de estos años, hemos podido ir viendo cómo evolucionaba la consideración y estimación de este riesgo por sus propios usuarios: desde una falta de consideración hacia el mismo (tenemos que recordar aquello de “en una oficina no hay riesgo; en cambio, en una obra, yo no digo que no…”) hasta una concienciación más o menos general por parte de todos aquellos que utilizan estos equipos.

Este artículo se interesa por recordar aquellas consideraciones básicas respecto a esta materia, así como aquellos matices que más nos están costando “convencer”, con el fin de evitar la fatiga física, mental y visual.

Carga física

Respecto a la carga física que conlleva este tipo de trabajo, hemos de centrarnos en las posturas forzadas y/o mantenidas que adoptamos a nivel de la espalda y el cuello, por una parte, y a nivel de hombros, brazos y manos, por otra, así como a los movimientos repetitivos realizados con los dedos sobre el teclado y el ratón. Respecto a la fatiga mental, esta se encuentra fundamentalmente relacionada con la carga mental requerida y, por ende, con el resto de factores psicosociales, donde la organización y la gestión del trabajo, en particular, deben ser especialmente considerados. Sobre la fatiga visual, tenemos que recordar que nuestros ojos se hallan adaptados a las distancias lejanas y no a las distancias cortas, por lo que deberemos incidir en aquellos aspectos que nos permitan economizar esfuerzos y asemejar a una distancia lejana. Si consideramos que el ambiente y el mobiliario es adecuado (mesa, silla,...), solo nos queda la manera en que el trabajador realiza su trabajo, ya que, de forma contraria, supondría una inadecuación a la normativa que el empresario debería respetar escrupulosamente:

▪En general, la mayoría de los monitores de PVD se encuentran frente a la persona que los utiliza (no obstante, todavía quedan algunos “incautos o rezagados” que mantienen una colocación lateral de los mismos mientras su posición es central respecto a la mesa).

▪Más frecuente es encontrarse que los monitores o pantallas están elevados sobre una CPU de mesa o, incluso, con uno o dos paquetes de folios, o lo que es peor, de libros (triste final para estos).

▪La explicación a estas inadecuaciones es sencilla ya que, si forzamos (giramos-levantamos) nuestro cuello para observar la pantalla, estamos realizando un esfuerzo de la musculatura cervical, lo que se traduce en un menor riego sanguíneo a nuestra cabeza y, mantenido en el tiempo, una contractura muscular más o menos intensa que aumenta el efecto anterior y por ende, puede iniciarse un desagradable pero contundente dolor de cabeza, que desaparecerá cuando relajemos esta zona.

▪El borde superior de la pantalla debe encontrarse por debajo de la línea horizontal de visión (a unos 10º), situando la zona de lectura frecuente alrededor de los 20º-30º por debajo de ella. La explicación es sencilla: nuestra vista no se halla adaptada a las distancias cortas o muy cortas y, por ello, debemos buscar el ángulo óptimo de visión según sea esta. Es fácil entenderlo si realizamos el siguiente ejercicio.

Si colocamos ante nuestros ojos una tarjeta de visita tan lejos sobre la horizontal como nuestro brazo pueda y la aproximamos lentamente hacia nosotros, observaremos que a una determinada distancia (cada persona es un mundo, es decir, tiene la suya) los grafismos de la tarjeta se aprecian borrosos; si en este instante descendemos lentamente sobre la vertical, llegará un momento que solo bajando ligeramente los ojos podremos observar nítidamente los caracteres (entre los 15 y los 30º por debajo de la línea de visión horizontal).

Nuestros ojos se caracterizan por realizar dos acciones diferentes pero complementarias: la acomodación y el mantenimiento de la agudeza visual

▪En algunas ocasiones, el espacio de trabajo donde situamos el teclado no es el adecuado encontrándose al borde de la mesa o muy dentro de ella, lo que obliga a doblar nuestra espalda en exceso. Asimismo, la posición del ratón es aleatoria llegando a situarse casi en un extremo.

▪El teclado debe encontrarse alrededor de los 20 cm del borde de la mesa, distancia que nos permite apoyar los antebrazos sobre la misma sin necesidad de “abrirlos”, contribuyendo así a que nuestras muñecas se encuentren en una posición de 180º, evitando, por tanto, el sufrimiento del famoso túnel carpiano.

En este caso, y es más una recomendación que una obligación, sería interesante recordar que el uso de teclados y ratones inalámbricos facilita su colocación en la mesa y permite optimizar el espacio primario de trabajo cuando se realizan otro tipo de tareas, ya sean auxiliares o no (como ocurre también con las pantallas planas).

▪A veces, puede aparecer un cierto dolor en los dedos y muñecas debido a un uso continuado de los mismos sobre el teclado y el ratón. Podríamos considerar varias causas pero, por lo menos, habría que descartar el posible “golpeteo”, no digo furioso pero sí ciertamente intenso, sobre las teclas y que es perfectamente audible a metros de distancia; en este caso, un teclado nuevo para sustituirlo por el roto, debido a este uso profundo, costaría menos de 10 €, pero nuestros dedos… 

▪También resulta curioso comprobar cómo, en muy pocas ocasiones, casi nadie personaliza las condiciones de visión de su pantalla, manteniendo las que, por defecto, tienen de fábrica; nos referimos a la intensidad de contraste, definición, color, tamaño, etc. que se encuentran en el menú del aparato.

▪Si cada uno de nosotros somos distintos y nos encontramos en ambientes y posiciones respecto a la luz diferentes, resulta sencillo entender que debamos personalizar dichos parámetros en nuestro monitor de forma que individualicemos el mismo. Las opciones para realizar este ajuste son similares a las de una televisión convencional que podamos tener en nuestras casas (¿a que no es lo mismo colocar la tele en una u otra pared del salón?).

▪Asimismo, hemos de recordar cómo se nos “olvida” parpadear mientras trabajamos con estos equipos; nos encontramos absortos en lo que estamos haciendo, manteniendo la atención en la pantalla, y no nos damos cuenta que dejamos de parpadear y, por tanto, de lubricar el ojo, lo que facilita el cansancio, la visión borrosa y la irritación de los mismos. Por otra parte, en muy pocas ocasiones, las personas que trabajan con estos equipos y sus programas más habituales, como puede ser el paquete de “Office”, por ejemplo la aplicación de tratamiento de textos “Word”, modifican las condiciones de lectura predeterminados por este.

▪Nuestros ojos se caracterizan por realizar dos acciones diferentes pero complementarias: la acomodación y el mantenimiento de la agudeza visual. Ambas resultan afectadas si no parpadeamos al favorecer que los ojos se sequen, lo que conlleva una irritación fácilmente observable por el enrojecimiento de los mismos que, a la larga, provoca una disminución de ambas propiedades. Por ello, es necesario que no se nos olvide parpadear mientras trabajamos (al principio, recordar esta premisa puede suponer un esfuerzo pero, al poco tiempo, ya se convierte en hábito y podemos olvidarnos de este tema). Si no lo hacemos, alguien nos indicará que hay una lágrimas artificiales que van muy bien para estos casos…

En algunas ocasiones, el espacio de trabajo donde situamos el teclado no es el adecuado encontrándose al borde de la mesa o muy dentro de ella

▪Es más fácil en unas pantallas que en otras, en función del tamaño de las mismas, pero en muchas ocasiones podríamos leer un texto a un zoom de 120 a 140, incluso, 150, en vez de un zoom de 100, como se encuentra configurado, normalmente, nuestro programa, en este ejemplo, “Word”. Si el tamaño de los caracteres es superior, la agudeza y acomodación que deben realizar nuestros ojos es menor (vemos mejor aquello que es más grande y tiene mejor contraste), por lo que el esfuerzo visual requerido también disminuye y ello facilita que podamos realizar un mejor trabajo.

▪Por otra parte, cuanto más grandes sean los caracteres, más lejos podemos llevar la pantalla en la mesa, incluso llegar a los 80 cm o más, permitiéndonos “alargar” la distancia cercana, que también nos permite mejorar el nivel de visualización.

▪Otra de las “realidades” curiosas es el uso de los ordenadores portátiles. En ocasiones, es necesario que la persona realice determinadas tareas fuera de su centro (mesa) habitual de trabajo y, por ello, dispone de un equipo portátil y no de uno fijo. Algunas veces, hay trabajadores que los prefieren ya que así disponen de un ordenador que es como si fuera “suyo y se lo pueden llevar a casa”. El problema viene cuando el portátil se convierte en fijo.

▪“Lo que no puede ser, no puede ser y además, es tontería…”. Es decir, un portátil es un portátil, porque si fuera fijo sería un fijo y no un portátil. Independientemente de las razones o motivaciones para el uso de los portátiles, su uso se basa en la eventualidad del trabajo realizado sobre él ya sea por encontrarse en un lugar de trabajo no habitual o porque la tarea es esporádica y de corta duración. Si no fuera así, el espacio de trabajo debe configurarse como si el ordenador portátil actuara como si fuera una CPU con teclado y ratón supletorios y similares a los que disponen los equipos fijos; sería recomendable utilizar también una pantalla complementaria, aunque algunos monitores de los equipos portátiles pueden servir como pantallas (nos referimos a las de 15” como mínimo y que poseen un plus respecto al ancho de la pantalla).

Hasta aquí solo hemos deseado recordar algunos aspectos básicos en cuanto a la manera de hacer las cosas, en este caso, nuestra forma de trabajar con las pantallas de visualización de datos, donde el explicar el porqué de estas pequeñas formas de hacer implica que nuestra salud pueda verse resentida o, por el contrario, mantenida y, lo que es más importante, depende de nosotros mismos. Para bien o para mal, somos nosotros quienes decidimos, y espero que se cumpla aquella máxima que decía “a mayor y mejor información, la elección es más sencilla”.

De ahí este refrán, creo que mejicano, colocado al inicio del artículo y que tan buenos momentos me ha hecho pasar: “veo burra y se me antoja viaje”; espero que todos vean la burra y también que quieran hacer el viaje.

Volver

News FSL

MANTENTE INFORMADO: suscríbete GRATIS a nuestra Newsletter