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OPINIÓN

Javier Miravalles, Psicólogo de la Asociación de Víctimas de Accidentes y Enfermedades Laborales (AVAEL)

El síndrome Münchausen en la empresa

El síndrome de Münchausen1 es un trastorno psicológico por el cual el que lo padece exagera o inventa una enfermedad o lesión. También puede estimular compulsivamente una enfermedad física o mental ya existente para agravarla y buscar atención médica.

La variable más común es el denominado “síndrome Münchausen por poderes”. Aquí ese deseo de enfermar se proyecta sobre una persona que está a su cargo, normalmente, un familiar con un alto grado de dependencia como puede ser un hijo o un abuelo.

Son personas con problemas emocionales severos que buscan el reconocimiento social a través de su capacidad para cuidar de enfermos a su cargo (a los cuales ha inferido la enfermedad). En muchos casos, el personal sanitario alaba su dedicación y el trato afable que tienen con todo el mundo, lo que retroalimenta la continuidad del síndrome Münchausen.

El aspecto diferencial del síndrome Münchausen frente a otros trastornos psicosomáticos es que la persona que lo padece es consciente de las conductas que realiza (engañar, envenenar, etc.) pero no puede dejar de hacerlo.

No hay que confundir este síndrome con el malingering2, que consiste en la producción intencionada de síntomas físicos o psicológicos desproporcionados o falsos, motivados por incentivos externos como evitar un trabajo, obtener una compensación económica, etc., ya que esta simulación puede representar un comportamiento adaptativo (fingir una enfermedad mientras se está cautivo del enemigo en tiempo de guerra puede aumentar las expectativas de supervivencia).

Münchausen en el trabajo

Un perfil parecido podemos encontrarlo dentro de los trastornos asociados al puesto de trabajo. Los “münchausen laborales” (ML) son personas que fabrican u organizan conflictos únicamente con el fin de resolverlos y, con ello, ganarse notoriedad y labrarse una imagen social dentro de la empresa.

Dentro de un equipo de trabajo o de la plantilla de una compañía siempre podemos encontrar uno o más trabajadores a los que se les tilda de “salvadores de la empresa”. Gente muy involucrada con los problemas, normalmente supervisores que dedican ‘demasiado’ tiempo y recursos para resolver una situación conflictiva, haciéndolo además de manera ostensible e informando de los logros a la gerencia de la empresa. Pero si analizamos minuciosamente la situación, podemos encontrarnos, en algunos casos, con que el propio ‘salvador’ es parte del origen del problema.

El perfil del ML es el de un inexperto supervisor, con poca formación y que se siente amenazado, con miedo a perder su puesto en pos de un compañero más capacitado. Se posiciona justamente entre el líder y los demás miembros del equipo y usa esa posición para crear ‘incendios’ de un lado y del otro para pretender ser indispensable. Después, realiza farragosos informes, aunque haya sido una nimiedad, en los que remarca las causas y orígenes de la situación, explica minuciosamente los pasos que siguió para encontrar y aplicar las medidas adecuadas y eliminar la contrariedad para la empresa.

Los “Münchausen laborales” (ML) son personas que fabrican u organizan conflictos únicamente con el fin de resolverlos

El otro perfil del ML es el del directivo de una empresa poco o mal estructurada, en la que el movimiento de cargos es una constante. Sus informes los enviará directamente a la cabeza visible de la empresa (saltándose a responsables intermedios) y en ellos muestra claramente su capacidad para resolver procesos que hasta su llegada al puesto eran problemáticos. No busca tan solo mantener su puesto, sino que va más allá: busca el reconocimiento, normalmente en detrimento del clima laboral y del correcto desarrollo de la empresa.

El efecto que los casos de ML tienen dentro de la empresa es multidimensional. Los ‘incendios’ suponen una menor eficacia de la compañía y el tiempo y los recursos que se dedican a solucionar dicha crisis limitan la productividad, además de los problemas indirectos, como la mala imagen de la empresa de cara al exterior.

Otro tipo de pérdida es la que supone el deterioro que conlleva los continuos contratiempos que se producen en la compañía. Las relaciones entre compañeros se vuelven hostiles y suspicaces. Se generan nuevos focos del ‘incendio’, lo que desestabiliza aun más la empresa. La dirección, en muchos casos, es desconocedora de gran parte de los datos, debido a que los propios ML son los nexos de comunicación entre los trabajadores y la gerencia de la organización.

Detectar los casos de ML es complejo: normalmente están mimetizados con concienzudos trabajadores que solo desean lo mejor para la empresa. No hay que olvidar que uno de los principales problemas que se presentan cuando se sospecha un posible síndrome de Münchausen es que el médico (jefe) pierde la credibilidad en el paciente (empleado), y es ahí cuando las cosas empiezan realmente a fallar, pues se puede obviar un diagnóstico que puede estar comprometiendo la vida (o prescindir de un excelente empleado) simplemente porque se piensa en un problema psiquiátrico.

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