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ART.TÉCNICO

El médico del trabajo en el contexto actual

04/01/2019 - Dr. Walter R Giusti, consultor asesor médico Laboral & Salud Ocupacional
En Argentina, durante muchos años, y previo a la aparición de Ley de Riesgos de Trabajo (LRT) en 1996, las funciones y el papel que debía cumplir el médico laboral estaban regidos a través de la Ley de Higiene y Seguridad, de 1972, con sus posteriores decretos reglamentarios.

La aparición de la LRT generó un rol más protagónico y participativo del médico en la empresa y en el sistema de riesgos del trabajo. Esto generó un impulso y preparación por parte del profesional, que obligó a una continua capacitación y actualización acerca de la actividad, las obligaciones y funciones en el ámbito laboral. De esta manera, obligó al médico a tomar una actitud más protagónica en las empresas y las mismas comenzaron a exigirle una preparación actualizada, innovadora y preventiva. Por este motivo, el puesto en la empresa y en los servicios relacionados al cumplimiento de la LRT, a través de las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo y los prestadores de las misma, deben estar a cargo de graduados especializados en Medicina del Trabajo, con el aval de los Colegios Médicos jurisdiccionales y los Ministerios de Trabajo y Salud de la Nación.

Las actividades del médico en la empresa y la obligatoriedad de contar con este servicio están descriptas en el Decreto 1338/96 pero, a grandes rasgos, sin profundizar cuáles eran los deberes y obligaciones. Esto generó cierta interpretación por parte de la empresa, por el cual en las industrias que no superaban los 150 empleados expuestos a riesgos profesionales se consideraba que no debían tener un servicio de Medicina Laboral, ya sea interno o externo. Esto no es así, ya que este decreto manifestaba de manera orientativa la cantidad de horas semanales que el profesional debía estar en la empresa, en relación a la masa de trabajadores en puestos de producción, y no si este servicio era opcional. Recientemente, a través de la Resolución 905/15, se especifican detalladamente las funciones, obligaciones, tareas, responsabilidades, y acciones en conjunto al Servicio de Higiene y Seguridad. El servicio está descripto de manera precisa, y detalla claramente las actividades que debe realizar, hasta las capacitaciones que se deben dictar al personal de la empresa, con el temario a cumplir, teniendo en cuenta que éste se puede ampliar de acuerdo a las necesidades particulares y puntuales de cada rubro. Como la naturaleza de la LRT, esta resolución tiene un fin netamente preventivo, y busca lograr la concientización acerca de las enfermedades profesionales y los riesgos en general, que se pueden evitar o minimizar. Esta resolución, nunca se derogó oficialmente, pero habría quedado en suspenso.

La visión de la empresa

El servicio médico en la industria está visto como un servicio accesorio y destinado a cumplir con la normativa vigente, para evitar sanciones de los organismos de control oficial, en la mayoría de los casos. Cada rubro está expuesto a distintos riesgos en su ámbito; por lo tanto, la manera de realizar el seguimiento y prevención no puede ser idéntica para todas, pero la idea general debe ser la misma: prevenir y minimizar las consecuencias junto al Servicio de Higiene y Seguridad. En la empresa, el médico interrelaciona activamente con Recursos Humanos y con Higiene y Seguridad, por lo cual debe generarse un trabajo mancomunado de los tres sectores en conjunto. El empresario necesita optimizar los recursos, y recurre al servicio médico, como un control de la salud de sus trabajadores, de dos maneras: una solicitando la constatación de las enfermedades inculpables, o ajenas a su trabajo, y así ajustar los días caídos; por otro lado, el seguimiento de los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, a través de un contacto con las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo, que son las encargadas de la atención médica en este tipo de situaciones en nuestro país. De esta manera, se controlaría el ausentismo laboral. Pero esta visión está paulatinamente cambiando ya que una empresa saludable implicaría una producción optimizada. Esta sería una posición que va más allá del cumplimiento de reglamentaciones legales, en busca de lograr un nivel de salud adecuado de los trabajadores. Ahí es donde el profesional de la salud ocupacional, debe hacer hincapié y generar las alternativas y las herramientas para llegar a este objetivo. Las grandes empresas a través de planes de salud globales, generados en sus casas matrices, buscan este tipo de perfil. El desafío está en las pequeñas y medianas empresas donde la cantidad de trabajadores está acotada, lo que implica que un operario esté de baja, por una enfermedad o un accidente, ya sea por su actividad profesional o por causas ajenas a este, vinculadas a sus hábitos o forma de vida.

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