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REPORTAJE

La prevención en la UME

09/03/2015 - Subteniente José Luis Magán Maroto; teniente coronel Jorge Serra Llopart; cabo 1º Jesús Pretel Gómez
La Unidad Militar de Emergencias (UME) se crea en octubre de 2005 para dotar al Estado español de una herramienta de altas capacidades en el ámbito de la Protección Civil (PC), siendo su principal razón de ser la de enfrentarse a una emergencia que se considere de interés nacional.

La Unidad Militar de Emergencias (UME) se crea en octubre de 2005 para dotar al Estado español de una herramienta de altas capacidades en el ámbito de la Protección Civil (PC), siendo su principal razón de ser la de enfrentarse a una emergencia que se considere de interés nacional. Así es como los militares continuamos formando parte, pero de una manera proactiva, de todo el complejo entramado de la PC.

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (PRL) en general, y el Real Decreto (RD) 1755/2007 en particular en el ámbito de las Fuerzas Armadas (FAS), detallan la planificación preventiva a adoptar en cualquier actividad donde esté inmerso el personal militar; marcará por lo tanto, la PRL en la UME.

Capacidades de la UME

El general jefe de la UME, en lo que se puede calificar como su Política de Seguridad y Salud, siempre tuvo muy claro que la formación del personal y la adopción de medidas de seguridad eran claves para el eficiente desarrollo de los cometidos asignados: “sin rescatador no hay rescate”. Desde su creación, el desarrollo profesional y técnico adquirido es tal que actualmente se está capacitado para afrontar catástrofes de cualquier naturaleza, incluso emergencias de interés nacional (nivel 3).

A grandes rasgos, la UME cuenta con unos 3700 militares encuadrados en 5 batallones de intervención en emergencias naturales en los que, además de otras capacidades, cada uno de ellos dispone de un equipo medio de búsqueda y rescate urbano (USAR) como el que se clasificó ante Naciones Unidas (ONU) en 2011 y que permite su activación en cualquier país del mundo para colaborar en grandes catástrofes. (En España sólo existen dos equipos así clasificados, siendo el otro el ERICAM); un Batallón de transmisiones; un Regimiento de intervención y apoyo en emergencias que dispone, además de los apoyos logísticos necesarios para el resto de unidades, de un Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medio Ambientales; la Unidad de Cuartel General; el Cuartel General propiamente dicho, y dependiendo del Batallón de Morón, la Unidad de Intervención de Canarias, con sede en las islas.

Para la formación del personal destinado en la UME se organiza un Curso Básico de Emergencias obligatorio y que incluye diferentes materias teórico-prácticas: PRL, Lucha contra incendios forestales (LCIF), Grandes nevadas, Inundaciones, Rescate urbano y en altura, Comunicaciones y Primeros Auxilios.

Las capacidades genéricas de la unidad se muestran en las diferentes intervenciones efectuadas: más de 210 en LCIF (en los últimos 15 días del mes de julio del año 2009 se operó en 21 grandes incendios simultáneos en todo el territorio nacional con más de 1500 personas de la UME actuando coordinadamente); más de 60 intervenciones en inundaciones, rescates, tormentas invernales severas (rescate en nieve, aludes), seísmos (señalar el terremoto de la ciudad de Lorca, donde la UME estuvo más de seis meses dando apoyo a damnificados), etc. De importancia capital para la unidad fue su participación en el desastre causado por el terremoto de Haití, donde se colaboró con un equipo USAR y que propició la clasificación ante la ONU mencionada anteriormente.

PRL en la UME

La prevención en la UME está organizada a través de un servicio central (SPRL) del que dependen funcionalmente los de las unidades subordinadas. En cada servicio hay un técnico superior o máster, con un mínimo de 3 especialidades. La pretensión última es la de establecer una cultura preventiva que presida la actuación de todo el personal de la UME.

En cuanto a la formación, periódicamente personal designado por la Jefatura de la Unidad realiza los estudios para la obtención del máster y la titulación de técnicos intermedios. Dicho personal será responsable de formar a todos los componentes de la UME como técnicos básicos, actualmente sobre el 70% del total de la Unidad. Durante todo el año se realizan jornadas informativas sobre riesgos derivados del puesto de trabajo como, por ejemplo, jornadas sobre el uso de pantallas de visualización de datos, riesgos psicosociales, manejo manual de cargas, etc.

Normas de seguridad

Parece difícil compaginar las intervenciones con lo solicitado en materia de PRL en la Ley 31/95. La labor de la UME entra dentro de las materias excluidas en el art. 3.2 de la propia ley (actividades en el ámbito de las funciones públicas de las FAS). El RD 1755 ya referido es más concreto: “Para las actividades de instrucción, adiestramiento y operativas las FAS, aplicarán sus normas propias de seguridad y operación cuyo conjunto constituirá el plan de PRL para las actividades de instrucción, adiestramiento y operativas”. Siguiendo esta directriz, la Unidad desarrolló normas de seguridad para cada tipo de intervención y para cada uno de los equipos que deban utilizarse, que incluyen las pautas de actuación PRL en cualquier operación real. Tales normas abarcan desde cuestiones básicas, como el manejo de herramienta ligera (desde la perspectiva de la seguridad para el individuo), hasta más complicadas, como el buceo en aguas pantanosas, o cómo ponerse un equipo de protección contra el riesgo biológico. El servicio de prevención participa en el mantenimiento de las normas operativas existentes para cada una de estas actividades.

Asimismo el personal de la UME vela por la correcta utilización de los equipos de protección individual (EPIS), personales y adecuados a cada tipo de intervención. Cada integrante mantiene sus EPIS en perfecto estado, pues saben de su importancia como última barrera individual ante una situación de riesgo.

Otros aspectos de la PRL en la UME

Colaboración en la redacción de pliegos de prescripciones técnicas para las adquisiciones y contratos; coordinación de actividades empresariales con todo aquel que trabaje en la unidad, pero que sea ajeno a la misma; evaluaciones de riesgos en todas las instalaciones fijas utilizadas; elaboración y mantenimiento de documentación PRL; investigación de accidentes; y todo ello contando con el refuerzo de personal que se activan como reservistas voluntarios y que colaboran de una manera importante en la consecución de estos objetivos.

Conclusión

La consolidación de la UME en la sociedad española es un hecho, convirtiéndose en un referente para todos los ciudadanos por su capacidad de intervención a pequeña y gran escala, tanto a nivel nacional como internacional. Pero todas y cada una de las intervenciones realizadas, tanto dentro del Estado español como en misiones internacionales, llevan un lema de obligado cumplimiento: “sin rescatador no hay rescate”, actúa con seguridad para poder atender a las personas en riesgo. De esta forma la UME será siempre parte de la solución en la gestión de la catástrofe y no del problema creado a causa de la emergencia.

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