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ART.TÉCNICO

Drones, aliados en prevención de riesgos

22/10/2019 - Óscar Moro Cárdenas, técnico superior de Prevención de Riesgos Laborales en OINSE y piloto e instructor de vuelo en AlAire pilotos
Es cada vez más común mirar al cielo y ver un dron encima de nuestras cabezas, pero muchos siguen planteándose si este dispositivo beneficia o perjudica en el día a día humano.

El concepto dron, en términos generales, es cualquier aeronave sin piloto, operado desde control remoto o software. Deriva del término inglés drone (abeja macho) y aunque pensemos que es algo novedoso, los orígenes del dron se remontan a mediados del siglo XIX, cuando Nikola Tesla, en 1895, inventó el teleautómata, mezcla entre submarino y vehículo de control remoto. Entre 1909 y 1914 Elmer Ambrose Sperry, conocido como el padre de los pilotos automáticos, desarrolló un estabilizador giroscópico, que podía mantener un avión en vuelo recto y nivelado sin necesidad de la intervención de un piloto. Durante la década de 1920 se desarrolló un avión monoplano capaz de llevar una carga de guerra de 114 kg, a una distancia de 480 km (Larynx). Posteriormente, se desarrollaron señuelos antirradares y blancos aéreos radiocontrolados. Actualmente, la tecnología consigue drones capaces de realizar vuelos de hasta 2 días sin necesitad de aterrizar. Auténticas naves de guerra, reconocimiento estratégico y aviones espías. Hasta el punto de conseguir drones del tamaño de un insecto.

Según normativa actual, el concepto dron se sustituye por “sistema aéreo tripulado de forma remota” (“remotely piloted aircraft system”), a partir de ahora RPAS, con la gran diferencia en que este último siempre debe ser operado por un piloto, sobre el cual recaerá la responsabilidad en caso de cualquier incidente.

Continuando con la normativa y apoyándonos en el RD 1036/2017, publicado el 15 de diciembre de 2017, mediante el cual se regula el uso civil de este tipo de aeronaves, podemos encontrarnos varios escenarios operacionales: 

  • Vuelos en línea de vista: vuelos con RPAS con peso máximo al despegue de 25 kg, con una altura máxima de vuelo de 400 pies y un radio desde el piloto de 500 m, ampliable con piloto observador. 
  • Vuelos fuera de línea de vista: vuelos con RPAS de hasta 2 kg, altura máxima 400 pies y radio de vuelo según alcance de emisora, siempre apoyado mediante sistema FPV (“First person view”) que permite una visión en primera persona la trayectoria del RPAS. 
  • Vuelos en zonas urbanas y aglomeraciones de personas: peso máximo al despegue 10 kg, altura máxima de operación 400 pies y vuelo en línea de vista a un radio del piloto de 100 m, siempre sobre zonas acotadas o manteniendo una distancia de seguridad de 50 m hacia personas, salvo piloto y empresa operadora, y deberá llevar instalado un sistema reducción de energía de impacto. Cabe destacar que el vuelo por encima de aglomeraciones de personas queda totalmente prohibido, a menos que RPAS tenga peso máximo al despegue de 250 g, o de que se cumplan los requisitos anteriores y siempre que AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) facilite la aprobación del estudio aeronáutico de seguridad oportuno. 
  • Espacios aéreos controlados: será necesario un estudio aeronáutico de seguridad, piloto con curso de radiofonista para poder coordinar con servicios aéreos y llevar embarcado en el RPAS un transponder en modo S (para vuelos fuera de línea de vista). 
  • Vuelos nocturnos: en este caso será necesario que el RPAS disponga de un sistema de luces, habrá que evaluar la operación mediante un estudio aeronáutico de seguridad.

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