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ART.TÉCNICO

EPI adaptados para todas

07/09/2018 - Javier Díaz Alonso, responsable técnico de ASEPAL
Cuando en ASEPAL pensamos en un EPI visualizamos en nuestra mente una imagen parecida a una especie de armadura que se interpone entre el usuario y el riesgo o riesgos frente a los cuales se enfrenta en su día a día.

Cualquier hombre de armas de la Edad Media sabía a qué podía exponerse en caso de entrar en combate con una armadura demasiado grande, demasiado pequeña, o que por algún motivo no se le ajustaba bien al cuerpo, lo cual le expondría a que determinadas partes del cuerpo quedasen descubiertas, que las protecciones no se mantuviesen en su sitio durante el uso, o que determinados movimientos fuesen mucho más difíciles de realizar, o directamente fuesen imposibles. En estas condiciones, estarían mucho más expuestos a una mala puñalada o mazazo que les mandase directamente a rendir cuentas con el creador. Hace algún tiempo, asistimos a una analogía casi exacta cuando los sindicatos de policía reclamaban que los chalecos antibalas que debían utilizar las agentes se adaptasen a las particularidades morfológicas de las usuarias, poniendo de manifiesto la imperiosa necesidad de que estas modernas armaduras se adaptasen a las características anatómicas evitando así las complicaciones y consecuencias que tan evidentes serían para cualquier ciudadano del medievo.

Aunque tanto el Reglamento (UE) 2016/425 sobre condiciones de salud y seguridad que deben cumplir los EPI, como el RD 773/1997 sobre utilización de EPI por parte de los trabajadores excluyen los equipos de protección destinados a ser usados por la policía en las labores inherentes a sus funciones de mantenimiento del orden, el ejemplo anterior es una muestra inmejorable acerca de cómo una selección de EPI que no se ajuste a las particularidades del trabajador puede comprometer seriamente las prestaciones y capacidades protectoras del equipo.

Visualizando la concepción de EPI como un escudo protector, es cuando el término “individual” adquiere mayor sentido. En efecto, un equipo que no se ajuste a la fisionomía de los trabajadores no sólo dificultará la capacidad de realizar las tareas que el usuario debe desarrollar, sino que no proporcionará la protección adecuada, poniendo en riesgo la propia salud del usuario o incluso la de la gente que lo rodea.

Consideraciones críticas

En el ámbito laboral, el Real Decreto 773/1997 de 30 de mayo, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas a la utilización por los trabajadores de equipos de protección individual, establece en su artículo 5 que “los EPI proporcionarán una protección eficaz frente a los riesgos que motivan su uso, sin suponer por sí mismos u ocasionar riesgos adicionales ni molestias innecesarias. A tal fin deberán: […] tener en cuenta las condiciones anatómicas y fisiológicas y el estado de salud de los trabajadores”. En el caso de los EPI que estén destinados a ser usados por trabajadoras, durante el proceso de selección, deberemos tener muy presente aspectos como las diferencias de tallas, las características morfológicas de las mujeres, etc. Estas consideraciones son particularmente críticas en la selección de determinados tipos de EPI. Algunos de los ejemplos más representativos de este tipo de equipos son:

  1. Los equipos de protección respiratoria. Este tipo de equipos basan gran parte de su eficacia en un correcto ajuste entre el rostro del usuario y el adaptador facial del equipo. Debemos tener en cuenta que las dimensiones de la cara de las mujeres pueden ser sensiblemente más reducidas que las de los hombres. En este sentido, muchos fabricantes ofrecen distintas tallas de máscaras y mascarillas en su gama de producto con el fin de facilitar que las dimensiones del equipo se ajusten lo más posible a las dimensiones de la cara del usuario. Si por una selección errónea de tallas este ajuste no es el adecuado, una parte importante del aire contaminado del que queremos protegernos entrará dentro del protector facial, menoscabando así la protección prevista por el fabricante.
  2. Vestuario de protección. Sin necesidad de ir a casos como el representado por los chalecos salvavidas que mencionábamos al principio de este artículo, la fisionomía de todo el cuerpo de la mujer obliga a que a la hora de seleccionar el vestuario de protección nos aseguremos que el diseño y la talla permita que las prendas de protección ofrezcan cobertura protectora sobre toda la superficie corporal que deba ser protegida, así como que la ropa de protección se mantenga en su posición, incluso cuando se realizan los movimientos habituales en las tareas que deban desempeñarse. Por último, y no por ello menos importante, el vestuario deberá responder a las necesidades que apuntábamos sin que su diseño introduzca ningún tipo de molestia en la usuaria, molestias que pueden hacer sencillamente insoportable el llevar el EPI a lo largo de toda la jornada de trabajo.
    Todas estas indicaciones relativas a las condiciones de adaptabilidad morfológica del vestuario de protección son perfectamente extensibles si ampliamos el campo de actuación a la vida privada. En algunas actividades como el motociclismo, la hípica y otros muchos deportes, existen soluciones de protección del tronco y pecho específicamente diseñadas para adaptarse a la morfología femenina.

Puede acceder al contenido completo en el siguiente enlace.

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