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ART.TÉCNICO

Mujeres: discriminadas e invisibles, también en la prevención de riesgos laborales

07/09/2018 - Carmen Mancheño Potenciano, secretaria de Salud Laboral de CCOO de Madrid
Que las condiciones de trabajo determinan la vida y la salud de las personas es evidente, pero también es evidente que estas condiciones se distribuyen de manera muy desigual: así el género de las personas determina la relación del binomio trabajo y salud.

Que las condiciones de trabajo determinan la vida y la salud de las personas es evidente, pero también es evidente que estas condiciones se distribuyen de manera muy desigual: así el género de las personas determina la relación del binomio trabajo y salud.

Sin embargo, esta realidad ha sido continuamente ignorada por la sociedad, dando lugar a políticas erróneas basadas en una falsa homogeneidad de la población trabajadora, donde la práctica preventiva se construye en base a un modelo de neutralidad en cuanto al género, de tal forma que las cuestiones de salud laboral se abordan desde el punto de vista de un trabajador abstracto cuyo referente implícito es la normalidad del trabajo masculino.

La división sexual del trabajo genera una polarización del empleo femenino que compone un panorama de riesgos y enfermedades diferenciadas como consecuencia de desempeñar distintos trabajos y papeles sociales. Existen, pues, diferencias en cuanto a los riesgos a que se exponen unos y otras, no solo debidas a diferentes ocupaciones y actividades que desarrollan en su trabajo, sino también a otros factores que están relacionados con las propias condiciones laborales (condicionadas muchas veces por aspectos de género).

Identificación de los riesgos

En cuanto a la identificación de los riesgos (para su posterior valoración, eliminación, reducción, etc.), se puede concluir que se comenten dos errores básicos omnipresentes en todos los ámbitos de la salud, y, por supuesto, en el de la salud laboral: se considera a hombres y mujeres iguales cuando no lo son (factores fisiológicos, antropométricos, hormonales, sociales) y se considera que son diferentes en aspectos en los que en realidad son iguales (posibilidad de enfermar de patologías tradicionalmente “masculinas” –como las cardiovasculares–, exposición a riesgos, capacidad de trabajo, aptitudes técnicas, dotes de organización…).

Las lesiones osteomusculares son las lesiones relacionadas con el trabajo más frecuente en la población trabajadora, y se repiten dos aspectos específicos de género: son más prevalentes entre las mujeres y las zonas del cuerpo lesionadas son diferentes (las mujeres presentan más lesiones en cuello, columna dorsal y extremidades superiores y los hombres en columna lumbar y rodillas), fruto, sin duda de desarrollar tareas diferentes que generan en las mujeres mayor exposición a movimientos repetitivos, posturas estáticas y agudeza visual para percibir detalles, a lo que se une la falta de reposo que genera la combinación del trabajo asalariado y el trabajo doméstico.

Contaminantes químicos

La exposición a contaminantes químicos también muestra diferencias: muchos de los trabajos que más intensamente utilizan sustancias químicas están altamente feminizados (tintes en el textil, n-hexano en el calzado, formaldehído en la sanidad, disolventes en la limpieza, microelectrónica o industria farmacéutica, etc.), Además, estas sustancias  afectan de forma diferente y específica a las mujeres: ciertos compuestos órganoclorados están íntimamente ligados a cáncer de mama u ovarios, el cadmio está relacionado con la osteoporosis, etc., pero nadie habla de esto.

La exposición a factores psicosociales en el trabajo es un problema de gran magnitud, que se comportan con una marcada desigualdad de género, situando a las mujeres trabajadoras españolas en situación de mayor exposición a riesgos psicosociales que los hombres. Las diferencias más significativas, además de la doble presencia, las encontramos en exigencias de esconder emociones, exigencias cognitivas, exigencias emocionales y  posibilidades de desarrollo. Dicho de otra forma, las mujeres trabajadoras tienen menos control sobre los tiempos de trabajo, menor posibilidad de desarrollo y encuentran menos sentido al trabajo que realizan.

Puede acceder al contenido completo en el siguiente enlace.

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