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ART.TÉCNICO

Prevención de riesgos en la mujer: una visión de género

12/09/2018 - Mª Teófila Vicente Herrero, coordinadora del Grupo de Trabajo de Guías y Protocolos de la AEEMT y del Grupo de Investigación en Medicina del Trabajo
El papel de la mujer en relación con la salud laboral ha sido estudiado en distintos ámbitos, entre ellos por la Medicina del Trabajo y desde asociaciones científicas como la AEEMT, pero este binomio “mujer-salud laboral” no puede comprenderse sin una clarificación previa de algunos conceptos básicos.

Así, se entiende por salud laboral la actividad multidisciplinaria dirigida a promover y proteger la salud de las personas que trabajan, mediante la prevención y el control de enfermedades y accidentes y la eliminación de los factores y condiciones que ponen en peligro la salud y la seguridad en el trabajo. Se trata, en definitiva de generar y promover el trabajo seguro y sano, así como buenos ambientes y organizaciones de trabajo realzando el bienestar físico, mental y social de quienes trabajan y respaldar el perfeccionamiento y el mantenimiento de su capacidad de trabajo.

De otro lado, el concepto mujer va más allá de las diferencias biológicas y se enmarca en un contexto sociocultural donde la actividad preventiva tiene su fundamento en la diferenciación de hombres y mujeres.

La incorporación de la mujer al mercado laboral  ha sido lenta y paulatina y no fue hasta finales del siglo XIX, y especialmente en el XX y XXI, cuando irrumpe de forma masiva en las empresas, instituciones y en la gran mayoría de estamentos laborales. En España, la Constitución Española de 1978 fue el punto de partida para superar la desigualdad que existía previamente entre hombre y mujer, facilitando el acceso en igualdad al sistema educativo y a cambios en la concepción tradicional del reparto de tareas en el ámbito familiar, aunque estos no han seguido un curso paralelo a la integración laboral de la mujer.

Siguen siendo dispares las cifras de ocupación. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en el primer trimestre del presente año 2018 la población ocupada en España era de 18.874.000 personas, de las cuales 10.284.000 eran hombres y 8.590.200 mujeres.

La prevención en el mundo del trabajo, definida como el conjunto de actividades y medidas adaptadas o previstas en todas las fases de actividad de la empresa con el fin de evitar o disminuir las posibilidades de que los trabajadores sufran daños derivados del trabajo, ya sean estos accidentes, enfermedades, patologías o lesiones, en nuestro país se encuentra regulada y recogida en una amplia legislación que tiene como origen la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

Datos

Dentro del complejo marco preventivo destacaremos de una forma muy esquemática algunos datos que señalan la existencia de una necesidad de actuar sobre los riesgos laborales por exposición diferenciando hombres y mujeres:

1. El primero de ellos es la repercusión que la perspectiva de género tiene en la evaluación de riesgos y en el diseño de los puestos de trabajo: el art. 16, apartado 2.a de la LPRL establece  que el empresario deberá realizar una evaluación inicial de los riesgos para la seguridad y salud de los trabajadores, teniendo en cuenta, con carácter general, la naturaleza de la actividad, las características de los puestos de trabajo existentes y de los trabajadores que deban desempeñarlos. De esta forma se tendrán en cuenta aspectos tan relevantes como las condiciones ergonómicas del puesto o la exposición a contaminantes y a químicos, cuyos efectos pueden ser claramente distintos en hombres y mujeres.

Un diseño no adecuado del puesto puede suponer una consecuencia en daño corporal, siendo un ejemplo claro la diferente repercusión en lesiones musculoesqueléticas en función de las características del trabajador. Según datos de la Sexta Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo los hombres manejan cargas pesadas en mayor proporción que las mujeres (43% - 29%); las mujeres levantan o mueven personas en mayor medida que los hombres (17% - 5%), un alto porcentaje de mujeres sin contrato levantan o mueven personas como cuidadoras en los hogares (34%); las mujeres presentan mayores molestias musculoesqueléticas que los hombres (80,9%-74,6%); y las mayores diferencias se hallan en localización del dolor, en las mujeres en la nuca/cuello (41,1%-28,4%) y en la zona alta de la espalda (31,1%-23,5%), mientras que en los hombres predominan las molestias en rodillas (10%- 4.7%).

2. El segundo de los aspectos es la necesidad de una perspectiva de género en el abordaje de riesgos psicosociales y organizativos. Si bien la evaluación del riesgo psicosocial es un tema pujante actualmente, su enfoque diferenciador por género parece más que imprescindible, especialmente en aspectos tan concretos como la violencia, acoso y discriminación en el trabajo, que  afecta fundamentalmente a la mujer con cifras que oscilan en los diferentes estudios, pero que en todos los casos marcan claras diferencias entre ambos sexos. Destaca también la diferente gestión del estrés y el peso de los aspectos extralaborales asociados a la doble actividad (laboral y doméstica) y que se traducen en patologías del ámbito psicológico y en somatizaciones ligadas, en términos generales, a la mayor presencia de la mujer en sectores como el docente, sanitario, limpieza, sector alimentario o de atención telefónica, y con riesgos concretos como elevadas demandas emocionales, trabajo a turnos, trabajo nocturno, violencia de clientes y familiares o en trabajos repetitivos, monótonos o en cadena.

3. Destacar como último punto la importancia de la perspectiva de género en la exposición de la mujer a químicos, disruptores endocrinos o riesgos concretos con repercusión en cáncer de mama, útero u ovarios, o que puedan afectar su capacidad reproductiva, alterar el curso de su proceso gestacional, generar malformaciones fetales o inducir efectos sobre el embrión o sobre las glándulas sexuales.

Puede acceder al contenido completo en el siguiente enlace.

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