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ART.TÉCNICO

Seguridad y salud en la industria químico-farmacéutica

21/09/2017 - Begoña Pérez, responsable SHE en la planta de Leganés de Roche Farma
La seguridad y la salud en la industria químico-farmacéutica es un tema muy amplio, que requiere un conocimiento multidisciplinar que abarca desde la identificación de los productos químicos hasta la vigilancia de la salud de los trabajadores.

Protección contra explosiones

Uno de los puntos fundamentales a evaluar en una industria químico-farmacéutica es el riesgo de explosión. Es más que probable que tengamos que clasificar zonas de nuestro proceso productivo como atmósferas explosivas (ATEX). Cualquier zona con polvo químico-farmacéutico o con líquidos inflamables como los disolventes es susceptible de ser clasificada.

En ese caso debemos desarrollar un “documento de protección contra explosiones”, tal y como indica el Real Decreto 681/2003, de 12 de junio, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores expuestos a los riesgos derivados de atmósferas explosivas en el lugar de trabajo.

Necesitaremos la obtención de una serie de datos básicos sobre nuestros agentes químicos o nuestros principios activos y excipientes que, en algunos casos, requerirán ensayos en laboratorios especializados. Estos son algunos de los principales datos que necesitaremos conocer:

  • Energía mínima de ignición: es la energía mínima de una chispa, capaz de producir la ignición de un polvo en suspensión o una mezcla de vapores en el aire.  
  • Temperatura en capa: es la temperatura mínima de una superficie caliente a la que el polvo depositado sobre ella puede inflamarse. 
  • Temperatura en nube: es la temperatura más baja a la cual en una suspensión de polvo en el aire, se produce espontáneamente la ignición y propagación de la llama. 
  • Límite de inflamabilidad: define las concentraciones mínimas y máximas del vapor o gas en mezcla con el aire, en las que son inflamables. 

En los casos en los que nuestro producto sea un líquido inflamable debemos procurar trabajar siempre por debajo del límite de inflamabilidad. Allí donde no sea posible debemos, o bien trabajar en una atmósfera inerte, o bien eliminar cualquier fuente de energía de ignición. 

En los casos en los que nuestro producto sea un polvo combustible, el tema se complica algo más, porque no tenemos límites inferiores de explosividad para polvos. En estos casos, cualquier polvo en forma de nube, en una atmósfera con oxígeno y una energía de ignición superior a la EMI, puede formar una explosión.

Por lo tanto, la mayoría de las medidas de prevención contra explosiones evitan las fuentes de ignición: manteniendo aisladas las superficies calientes y evitando las descargas electrostáticas, por ejemplo conectando a tierra los equipos y asegurando el mismo potencial entre los mismos, mantener medidas organizativas que controlen el uso de herramientas que puedan provocar chispas y asegurando que los equipos poseen un marcado ATEX adecuado a la zona clasificada en la que se encuentran.

Para leer el artículo completo accede a este enlace

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