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ART.TÉCNICO

¿A qué huele un hospital?

13/11/2017 - Gema Priego, responsable de Calidad, Medio Ambiente y PRL de PHS Serkonten
Seguro que puede rememorar cómo huele un hospital. Exacto, a desinfectante. La memoria olfativa es una de las más potentes del cerebro humano porque está relacionada con el sistema límbico del cerebro que dota a estos recuerdos de carácter emocional. Pero ¿qué impacto tiene en los pacientes, familiares y personal sanitario el ambiente que respiran en un centro hospitalario? ¿Es suficiente el olor a desinfección?

Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), el tratamiento y la atención de cientos de millones de pacientes en todo el mundo se complica cada año a causa de infecciones contraídas durante la asistencia médica. Por esta causa, los pacientes empeoran, deben permanecer más tiempo en el hospital, quedan discapacitados por un largo periodo o incluso mueren. Además de la pérdida de vidas humanas, esta situación genera una carga económica adicional para los sistemas de salud. Ante esta situación, la OMS establece normativas estrictas referentes a la higiene de manos, utensilios, materiales e instalaciones médicas. Pero, ¿qué hay del ambiente?

Actualmente, los servicios de salud han puesto el foco en este tema con el objetivo de minimizar la diseminación de microorganismos y recuperar patógenos potencialmente causantes de infecciones relacionadas con la asistencia en salud. Diversos estudios revelan que las superficies limpias y desinfectadas consiguen reducir cerca de un 99% el número de microorganismos, pero si el ambiente no está limpio es insuficiente. Hay evidencias que revelan por ejemplo, la existencia de trasmisión de infecciones por rotavirus, que sobreviven en el aire hasta 12 días y Cándida spp, que puede sobrevivir horas.

Un estudio sobre calidad del aire realizado por el PHS Serkonten revela que el ambiente en los espacios cerrados está de media 5 veces más contaminado que el exterior. Si tenemos en cuenta que un adulto respira de media 10.800 litros de aire al día y que los gérmenes que emitimos en un estornudo, por ejemplo, pueden llegar a desplazarse hasta 50 metros, no cabe duda de que la calidad del aire que respiramos, sobre todo en un entorno hospitalario, nos afecta.

En el ambiente de los hospitales, además de las moléculas de olor que hay en otros lugares cerrados y que proceden de las cocinas, baños, etc.; hay moléculas de desinfectantes, tratamientos agresivos como quimioterapias o de desechos humanos, como vómitos. También hay en el aire compuestos orgánicos volátiles que provienen de la pintura, las alfombras, el suelo, la fibra de vidrio de los aislantes y, por supuesto, todo lo que proviene de la calle y que entra o bien por puertas y ventanas, o en la suela de los zapatos.

Además de las consecuencias clínicas, el Departamento de Prevención de Riesgos Laborales de PHS Serkonten ha comprobado que estos ambientes “afectan a la concentración y la memoria, producen irritación en los ojos, problemas respiratorios y facilita el contagio de infecciones, lo que incide en el aumento del absentismo y el descenso de la productividad”. Es además un foco de contagio de catarros y otras patologías para los empleados y los familiares que acuden a visitar pacientes.

Una solución es contar con tecnología de higiene ambiental que filtre partículas contaminantes y regenere el aire porque los cálculos apuntan a que la falta de higiene ambiental provoca hasta el 60% del contagio de enfermedades en entornos cerrados con hospitales y centros sanitarios  y esto demuestra que todavía nos falta mucho por hacer en materia de higiene del aire. Y así, el olor a desinfección será además, eficaz.

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