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OPINIÓN

Dra Mayte Lázaro, Presidenta Sector Atención Especializada de CESM

Médicos enfermos

Un comité de expertos de la OMS recomendó que, además de las enfermedades profesionales reconocidas, se introdujera el término “enfermedad relacionada con el trabajo” para aquellas en las cuales las condiciones y medio ambiente de trabajo influyen considerablemente.

Hasta una quinta parte de los empleados de Europa y Estados Unidos están sujetos a turnos que incluyen noches. Más del 30 por ciento trabaja en los sectores de sanidad, industria, minería, transporte, comunicaciones y tiempo libre y ocio.Por su especial repercusión en la salud de los médicos, y sus efectos a corto y largo plazo, haremos hincapié sobre todo en el trabajo nocturno, a turnos y la carga mental, propios de su actividad.

Por otra parte la OIT (Organización Internacional del Trabajo) recomienda que a partir de los 40 años el trabajo nocturno continuado sea voluntario, lo que no ocurre en ninguna de las CCAA del Estado español.

Las conclusiones de diversos estudios, algunos de ellos elaborados por la OIT, señala que “cada quince años de trabajo nocturno se produce un envejecimiento de unos cinco años, y un tercio de la gente que lo realiza padece fatiga, neurosis, ulceras y alteraciones cardíacas”; se divorcian tres veces más que el resto de sus compañeros/as; y tienen un 40% más de posibilidades de padecer trastornos neuropsicológicos, digestivos y cardiovasculares. 

Depresión y suicidio en médicos 

En un artículo de Bright y Krahn en “Current Psychiatry” en el que se repasan las causas de estos fenómenos, los autores señalan que rasgos de personalidad comunes entre los médicos (como el perfeccionismo y la autocrítica) pueden incrementar el riesgo de depresión y que los médicos afectados pueden verse estigmatizados.  Abogan por programas de tratamiento que eviten males mayores en los ámbitos clínico y laboral.

Los más vulnerables son los de edades más avanzadas y tienen más riesgo de envejecimiento prematuro y aumento de la morbilidad. Hay que pensar que tal envejecimiento no pocas veces lleva aparejado una reducción  de la esperanza de vida.

Las personas que trabajan en este horario normalmente se sienten menos satisfechas con su trabajo y están más predispuestas a neurosis con comportamientos obsesivos.

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Los efectos de la falta acumulada de sueño, producida por las largas jornadas laborales de los médicos en las guardias, llegan a reducir la capacidad de reacción de una persona hasta diez veces, lo que aumenta considerablemente la posibilidad de cometer errores graves. Además, es un factor que predice una mayor mortalidad. Se incluyen obesidad, diabetes, problemas circulatorios y enfermedades del sistema inmune como problemas. Además, empeora las capacidades cognitivas de una persona a corto y largo plazo en un proceso que tal vez sea irreversibles. 

Hablamos del Síndrome de mala adaptación a los turnos. Las consecuencias a largo plazo pueden incluir las siguientes: presión arterial elevada, ataque cardíaco, fallo cardíaco, apoplejía, problemas psiquiátricos como depresión y otros desórdenes del humor, deficiencia mental, riego de mortalidad aumentado, problemas de relación con un compañero de cama, obesidad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, aptitudes sociales inferiores y problemas de aprendizaje.

Turnos rotatorios y nocturnos

 La clara desventaja frente al turno diurno permanente, sin duda el menos problemático hoy en día, es indiscutible. Además, el trabajo de las guardias repercute en la vida privada de cada trabajador/a por inadaptación al ritmo de vida de la familia, acarreando numerosos conflictos familiares. También dificulta las relaciones sociales por la imposibilidad de coordinar los horarios con las amistades o participar en actividades colectivas (deportivas, culturales, sociales, etc.). 

Entre las patologías que se derivan por acción directa de estos horarios de las guardias han sido demostradas entre otras:

  • Mayor presencia  de artritis reumatoide.
  • Perturbaciones en los ciclos y duración de las menstruación, así como incremento en el riesgo de padecer infertilidad y problemas para quedarse embarazada, abortos, partos prematuros y problemas en los recién nacidos, ganancia de peso (sobre todo en mujeres), además de detectar consumo de sustancias tóxicas y problemas pulmonares en ambos sexos.
  • Igualmente parece aumentar el riesgo de padecer cáncer de mama incremento del 48% en nocturno, cáncer colon-rectal, así como diabetes. Igualmente, se relaciona con cáncer de endometrio y linfoma no Hodgkin.
  • Por otra parte, las mujeres registran aumento de los niveles de corticoides en sangre, una mayor secreción de hormonas masculinas, y problemas en la salud de los huesos, así como alteración de respuestas metabólicas.
  • Síndrome de fatiga crónica.
  • Las mujeres que realizan trabajos rotativos muestran peor estado de salud y un mayor consumo de píldoras para dormir y tranquilizantes, mientras que los hombres presentan un alto consumo de alcohol.
  • Incluso ya se han detectado casos de “Karoshi”. Es una palabra japonesa que significa “muerte por exceso de trabajo”. Este fenómeno fue reconocido inicialmente en  Japón y el término ha sido adoptado en todo el mundo. Se producen casos de fallecimientos o incapacidades laborales de origen cardiovascular

Riesgo de fatiga mental

Este riesgo se da con frecuencia en los médicos por pertenecer a un colectivo al que se le exige un alto grado de responsabilidad, autoridad y autonomía. La fatiga mental se da cuando las exigencias mentales de la tarea sobrepasan la capacidad de respuesta del propio trabajador.

Las agresiones y los conflictos también pueden llevar al colectivo sanitario a la fatiga mental.

Las consecuencias o daño más inmediato es una sensación de fatiga.

El desgaste psíquico afecta “al 60% de médicos de atención primaria, sector ocupado mayoritariamente por mujeres”, pero puede expresarse de forma diferente dependiendo de las características personales y situaciones del trabajador, pudiendo derivar en consecuencias físicas (dolor de cabeza, dolores musculares, trastornos psicosomáticos, digestivos, del sueño y del apetito, etc.), psíquicas (ansiedad, cambios en el estado de ánimo, irritabilidad , estados depresivos, etc.) y sociales (hostilidad, problemas en la relación con la familia, estados depresivos, incomunicación, etc.). En el contexto laboral, se pueden detectar consecuencias tales como abandono profesional, disminución de la calidad del trabajo o de dedicación a los pacientes, insatisfacción, absentismo, enrarecimiento del ambiente de trabajo, etc.

Otro aspecto social importante son las exigencias añadidas al puesto de trabajo por ser mujer que tienen que ver, por una parte, con su imagen. En muchos trabajos se exige belleza y apariencia “femenina”, incluidas determinadas especialidades sanitarias para generar confianza en el paciente. Esto rrequiere dedicarle un tiempo previo no retribuido y supone un gasto, ya que del sueldo que percibe se debe emplear una parte en vestir a la moda, peluquería, etc.

Estas exigencias en cuanto al aspecto físico de la mujer están teniendo graves consecuencias para la salud, como la aparición de trastornos en la alimentación (anorexia y bulimia).

Asimismo, se suman determinadas exigencias de comportamiento por el hecho de ser mujeres, como es una actitud de complacencia, estar siempre disponibles y mostrarnos agradables y, en puestos de cara al público, se añade el mostrarse sonrientes.

De este modo, por encargo del Departamento del Salud del Reino Unido, se ha elaborado  un documento del “National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE)” en el en el que se proponen unas directrices para promover la salud mental mediante condiciones de trabajo productivas y saludables destinado a empresarios y directivos de cualquier sector y tamaño de empresa, aunque también puede interesar a los responsables de recursos humanos, delegados sindicales y los propios trabajadores: “Promoting mental wellbeing through productive and healthy working conditions: guidance for employers”.  

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