La prevención de riesgos laborales en el sector de la limpieza atraviesa un momento de transformación impulsado por un reto persistente: la elevada incidencia de trastornos musculoesqueléticos (TME). Estas patologías, que afectan principalmente a hombros, muñecas, codos y zona lumbar, se han consolidado como una de las principales causas de baja laboral, en gran medida debido a la repetición de movimientos y a la aplicación de fuerza en tareas cotidianas como el escurrido de fregonas.
Bajas por TME
Tal y como se expone en documentación técnica del sector, más del 75% de los trabajadores sufre molestias físicas recurrentes y hasta el 90% de las bajas por enfermedad están relacionadas con TME. Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de replantear no solo las condiciones en las que se realiza el trabajo, sino también las herramientas utilizadas.
Tradicionalmente, la prevención se ha centrado en la corrección de hábitos posturales: mantener la espalda recta, ajustar la longitud del palo o realizar pausas activas. Sin embargo, estas medidas, aunque necesarias, resultan insuficientes cuando el origen del problema reside en la propia naturaleza de la tarea. El escurrido manual, por ejemplo, implica torsión de muñeca, presión, tracción de hombros y esfuerzo repetitivo, factores todos ellos directamente asociados a la aparición de lesiones.
En este contexto, la automatización emerge como una solución eficaz para reducir la carga física. La eliminación del esfuerzo en el escurrido representa un cambio de paradigma: ya no se trata únicamente de enseñar al trabajador a realizar mejor su tarea, sino de eliminar el riesgo desde su origen.
Escurridores automáticos Fregola y Fregomatic
Los escurridores automáticos desarrollados por Sprimsol —concretamente los sistemas Fregola y Fregomatic— responden a este enfoque. Estas soluciones permiten un escurrido 100% automático, sin necesidad de aplicar fuerza manual ni accionar mecanismos adicionales como pedales o palancas, habituales en los sistemas tradicionales. Gracias a esta automatización, se eliminan los movimientos repetitivos asociados al escurrido, reduciendo de forma significativa el riesgo de lesiones.
Desde el punto de vista técnico, estos equipos incorporan motores de alta velocidad y baterías recargables que permiten realizar aproximadamente 700 operaciones de escurrido por carga, garantizando autonomía suficiente para una o varias jornadas de trabajo. Además, están diseñados con materiales resistentes como acero y fibra de vidrio, lo que asegura durabilidad en entornos profesionales exigentes.
Más allá de sus características técnicas, el principal valor de estos sistemas reside en su impacto ergonómico. Y es que el uso de escurridores automáticos elimina completamente la necesidad de aplicar fuerza durante el escurrido y evita movimientos como la torsión de muñeca o la presión mediante pedal. Este cambio no solo reduce el riesgo de lesiones acumulativas, sino que también permite mantener activos a trabajadores con limitaciones físicas, favoreciendo la inclusión y prolongando la vida laboral.
Asimismo, la automatización del escurrido tiene un impacto directo en la organización del trabajo. La reducción del esfuerzo físico contribuye a disminuir las bajas laborales, mejora la productividad y optimiza los tiempos de limpieza. Un escurrido más eficiente permite, además, un secado más rápido de las superficies, lo que repercute positivamente en la calidad del servicio.
Este tipo de soluciones también está comenzando a ser reconocido desde el ámbito institucional. Según se recoge en la documentación, algunas administraciones públicas ya valoran positivamente la incorporación de escurridores automáticos en los pliegos de contratación de servicios de limpieza, puntuando su uso como mejora en términos de ergonomía y prevención. Este hecho refleja una tendencia creciente hacia la integración de la seguridad y la salud laboral como criterio estratégico en la contratación pública.
En paralelo, el sector de la limpieza se enfrenta a otros desafíos, como el envejecimiento de la plantilla o la necesidad de mejorar las condiciones laborales en determinados segmentos, como el trabajo doméstico, donde persisten elevados niveles de informalidad. En este escenario, la adopción de tecnologías que reduzcan la exigencia física del trabajo se convierte en una herramienta clave para garantizar la sostenibilidad del sector.
En definitiva, la evolución de la limpieza profesional pasa por incorporar soluciones que integren ergonomía, eficiencia y prevención. La automatización del escurrido, ejemplificada en sistemas como Fregola y Fregomatic, supone un avance significativo en esta dirección. No solo mejora las condiciones de trabajo, sino que redefine el enfoque preventivo: de la adaptación del trabajador a la tarea, a la adaptación de la herramienta al trabajador.
Este cambio de enfoque marca el camino hacia entornos laborales más seguros, eficientes y alineados con las nuevas exigencias del sector.
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