La movilización manual de personas —ya sea en hospitales, residencias o domicilios— es una de las tareas más delicadas desde el punto de vista de la seguridad laboral. El peso corporal, la imposibilidad de colaboración de los pacientes y los espacios reducidos convierten cada movimiento en un potencial factor de riesgo para la espalda, los hombros y las cervicales del profesional. Por ello, la prevención debe centrarse en eliminar o minimizar la exposición a estos peligros mediante una estrategia clara: evitar, sustituir, proteger y formar.
Movilización de pacientes sin riesgos: guía rápida de seguridad
Evitar significa planificar los cuidados de modo que se reduzcan al mínimo los traslados innecesarios. Por ejemplo, agrupar tareas sanitarias en una sola visita evita levantar al paciente varias veces al día. Sustituir la fuerza del operario por medios mecánicos es el paso siguiente: grúas de techo, elevadores de vacío, tablas de deslizamiento o cintas transportadoras dividen la carga y protegen tanto al trabajador como a la persona atendida
Cuando la manipulación manual es inevitable, proteger pasa por aplicar medidas organizativas y técnicas. Rotar al personal cada dos horas, disponer siempre de dos cuidadores para movilizaciones de más de 30 kilos o mantener la carga pegada al cuerpo y a altura de codos son reglas básicas que reducen la tensión en la zona lumbar. Además, se deben eliminar barreras arquitectónicas: caminos despejados, camas ajustables en altura y barandillas desmontables facilitan posturas neutras y trayectos más cortos.
La formación específica es el cuarto pilar. No basta con saber “levantar las piernas”. Hay que evaluar el nivel de colaboración del paciente, comunicarse en equipo durante la maniobra y reconocer los primeros síntomas de fatiga muscular. Programas como el método MAPO cuantifican el riesgo y ayudan a decidir cuándo es obligatorio usar equipos auxiliares
Prevenir lesiones durante la manipulación manual de personas no depende de la fuerza física, sino de la inteligencia colectiva: planificar bien, dotar los medios adecuados y formar continuamente. Solo así se protege la salud de los profesionales sanitarios, garantizando la dignidad y seguridad de quien recibe cuidados.
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