La presencia de atmósferas explosivas (ATEX) en sectores como la industria química, farmacéutica, logística de combustibles, alimentación o tratamiento de residuos exige una atención específica a la electricidad estática, una fuente de ignición a menudo infravalorada. La electricidad estática es la acumulación de carga eléctrica en la superficie de un material. Se produce cuando existe un desequilibrio entre protones y electrones, normalmente debido al rozamiento, o separación y contacto repetido entre dos materiales con distinta conductividad. Esto puede ocurrir, por ejemplo, al verter líquidos en un recipiente, retirar un film plástico o por el mero hecho de caminar sobre un suelo aislante. Aunque hablemos de “electricidad”, no se trata de un flujo continuo, sino de una carga acumulada que puede descargarse bruscamente en forma de chispa electrostática, teniendo esta energía suficiente como para inflamar la mayoría de las mezclas inflamables.
El cuerpo humano se comporta como conductor que, si queda aislado de tierra, puede acumular carga estática y provocar una descarga brusca que con facilidad pueden alcanzar energías superiores a los 10 mJ. Para evitar que esto ocurra, es necesario un estudio detallado del entorno y EPIS utilizados. Los criterios a tener en cuenta son:
- Calzado disipativo: resistencia entre 100 kΩ y 1 GΩ. El límite superior es lo suficientemente bajo como para evitar la acumulación de carga electrostática en la mayoría de las situaciones, y el límite inferior ofrece cierta protección en caso de contacto eléctrico accidental. Por tanto, es el calzado ideal para trabajos en entorno ATEX, pero de nada sirve si la continuidad con tierra no se mantiene a través del suelo.
- Suelo disipativo: resistencia entre 1 MΩ y 100 MΩ. En muchos entornos industriales, los materiales de pavimentación convencionales, por ejemplo, hormigón desnudo o rejillas de acero, son suficientemente conductores para cumplir con este requisito. El problema surge cuando se utilizan algún tipo de recubrimiento como pinturas aislantes, alfombrillas de goma o láminas plásticas, que reducen la conductividad del suelo y generan situaciones en las que pueden existir acumulaciones de estática. También debe prestarse especial atención, a la acumulación de contaminantes como resinas, grasas u otras sustancias aislantes. Es imprescindible que la resistencia del suelo se compruebe periódicamente.
- Guantes disipativos: Los guantes fabricados con materiales aislantes pueden permitir que los objetos sostenidos en la mano se carguen electrostáticamente y permanezcan cargados. Por tanto, los guantes usados en zonas ATEX deben estar fabricados con materiales disipativos o conductores. La resistencia se mide entre una barra metálica de mano y una placa metálica sobre la cual se coloca la persona, debiendo ser esta inferior a 1GΩ. Los guantes destinados a usarse en atmósferas inflamables son EPIs de Categoría II y deben cumplir la norma UNE-EN 16350.
- Ropa disipativa: A pesar de que la ropa moderna, fabricada con tejidos sintéticos, puede cargarse electrostáticamente con facilidad, en muchos casos no supone un riesgo de ignición, siempre que la persona esté puesta a tierra mediante calzado adecuado y el suelo o por otros medios como una muñequera con cable de conexión a tierra. A pesar de ello, en zonas ATEX generadas por sustancias con valores de energía mínima de ignición inferiores a 0.2 mJ es altamente recomendable su uso, al igual que en zonas 0 aunque el EMI sea superior a este valor. Estos criterios harían innecesario el uso de ropa disipativa en entornos ATEX generados por polvo inflamable. La ropa de trabajo para uso en zonas ATEX debe tener una resistencia superficial inferior a 2,5 GΩ, conforme a EN 1149‑5 para evitar acumulación en prendas sintéticas.
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