En construcción es habitual recurrir a procedimientos de trabajo para aquellas tareas que, aun estando previstas en el Plan de Seguridad y Salud, necesitan una explicación más concreta por su especial dificultad, peligrosidad, singularidad o por el uso de equipos, medios auxiliares o métodos poco habituales. También conviene redactarlos cuando existan maniobras críticas, interferencias importantes con otros trabajos, necesidad de permisos o consignaciones, o cuando un cambio en la forma de ejecutar pueda alterar lo previsto inicialmente. Su finalidad no es añadir más papel a la obra, sino dejar claro cómo se va a trabajar y en qué condiciones debe hacerse para reducir improvisaciones y evitar errores.
Su elaboración debe apoyarse en quienes conocen de verdad el trabajo que se va a ejecutar, normalmente integrantes del equipo de producción, el jefe de obra, el jefe de producción o el encargado, con el asesoramiento del técnico de prevención, que debe identificar los riesgos y concretar las medidas preventivas. Si intervienen empresas colaboradoras especializadas (subcontratas), lo más práctico es que aporten su forma real de trabajo, sus medios y sus limitaciones, para después integrar esa información en el procedimiento general de la obra. La empresa principal no debe limitarse a recibirlo, sino revisarlo, adaptarlo y comprobar que encaja con el Plan de Seguridad y Salud y con el resto de las actividades previstas.
De forma sencilla, un buen procedimiento debe indicar qué trabajo se va a hacer, cómo se hará, con qué personal y con qué medios, cuáles son los riesgos principales y qué medidas deben adoptarse. También conviene que deje claras la identificación del documento, su versión, la fecha y quién lo aprueba, para evitar confusiones en obra. Junto a ello, es muy importante reflejar las responsabilidades de cada interviniente y dejar claro que se pueden paralizar los trabajos y quién puede ordenar la paralización si observa una desviación grave o una situación no controlada.
Antes de empezar, no basta con tener el documento redactado. Debe comprobarse sobre el terreno que la zona de trabajo está en condiciones, que los accesos son seguros, que las protecciones están colocadas, que los equipos y medios auxiliares son adecuados y se encuentran en correcto estado, que no hay interferencias no controladas con otras unidades y que, si hacen falta permisos, cortes, consignaciones o autorizaciones, todo ello está resuelto antes del inicio. También debe verificarse que el personal asignado conoce su tarea.
Una vez aprobado, el procedimiento debe ponerse en conocimiento de todas las partes afectadas mediante la coordinación necesaria en obra. Esa coordinación debe servir para aclarar funciones, ordenar la secuencia de los trabajos, revisar interferencias y confirmar las condiciones previas de inicio. Después, la información debe llegar de forma clara a los trabajadores que vayan a intervenir, dejando constancia documental de la entrega y de la explicación realizada. En este sentido, en las obras se dispone de un Libro de Incidencias a disposición de las partes, siendo importante realizar la anotación correspondiente a la reunión de coordinación celebrada y a los acuerdos tomados e instrucciones transmitidas por los responsables en materia preventiva con respecto al procedimiento a aplicar.
Durante la ejecución debe hacerse un seguimiento real en campo. Esto exige comprobar al arranque que lo previsto se cumple, vigilar los puntos más críticos del trabajo, corregir desviaciones y no permitir que la actividad continúe por inercia cuando las condiciones cambian. Finalmente, una vez terminados los trabajos, es conveniente revisar cómo se han desarrollado, qué incidencias han aparecido y qué medidas han funcionado mejor o peor para mejorar futuros procedimientos.
¡Sigue Leyendo!
Aquí te hemos mostrado tan sólo una parte de este contenido.
¿Quieres leer el contenido completo?






