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Alejandro Doménech Técnico de Prevención MM Motor Network

Riesgos en el taller: la relación entre seguridad y herramientas

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La finalidad de la prevención de los riesgos laborales es evitar accidentes por la realización directa o indirecta de la actividad profesional. Para ello, el prevencionista debe prever dónde está el riesgo y qué medidas se deben llevar a cabo. Generalmente, las más visibles suelen ser las referidas a los equipos de protección individual, como pueden ser cascos, guantes o gafas. También se pueden instalar equipos de protección colectiva: marquesinas, barandas o sistemas de ventilación forzada. Sin embargo, una de las medidas más importantes a llevar a cabo para fortalecer la prevención de los riesgos laborales es contar con una sólida cultura preventiva dentro de la empresa.

La cultura preventiva lo inunda todo: afecta a todos los niveles jerárquicos, y es que es la respuesta a la pregunta de qué puede hacer uno mismo para mantener la seguridad en el propio puesto de trabajo. Dar información clara al respecto, formar y, sobre todo, saber comunicar y trasladar hasta convencer de que la seguridad es por el bien de cada uno, es imprescindible para el éxito de esta medida. En los talleres mecánicos lo tenemos claro, pues se trabaja con infinidad de equipos, productos y herramientas. Precisamente, estas últimas a menudo parecen las más inofensivas y, por ello, por la confianza en exceso que generan, pueden ser las que más disgustos den al técnico de prevención.

Buenas herramientas

Disponer de una gama amplia de herramientas y que cada una cumpla con cada función concreta es indispensable para garantizar la seguridad del trabajador. En los talleres surgen imprevistos constantemente: abrir el capó es como abrir una caja sorpresa, pues es frecuente encontrarse con situaciones que no siempre tienen una fácil solución. Además, no es lo mismo un vehículo antiguo que uno nuevo. Por lo tanto, se debe acotar al máximo la posibilidad de improvisación. Para ello se debe disponer de un carrito completo con todo tipo de herramientas, desde las más básicas como martillos de goma, tuercas y llaves, hasta algunas más complejas como multímetros o destornilladores específicos. Esto evitará que ante situaciones adversas sobrevenidas se deba emplear la imaginación para solucionar el problema: el trabajador dispondrá de herramientas capaces y homologadas para tal fin.

Por otro lado, las herramientas deben disponer de elementos que no pongan en riesgo al propio trabajador. Para ello, lo más importante es que cuenten con un mantenimiento que las conserve en buen estado. Asimismo, los mangos deben disponer de formas ergonómicas que garanticen no solo la comodidad en el momento de agarrarlo, sino que eviten el deslizamiento del mismo y se pueda mantener sujeto con total firmeza. También es importante que el material del que están fabricados sea el adecuado para cada tarea. Hoy en día, los vehículos eléctricos e híbridos enchufables son cada vez más numerosos. La tensión eléctrica puede poner en serios problemas a nuestros compañeros. En estos casos, es imprescindible disponer de herramientas y equipos aislados, que juntamente con unos equipos de protección individuales dieléctricos mantendrán a salvo la integridad de los trabajadores.

Cultura preventiva

Lo mejor es contar con procedimientos de cada operativa donde se explique paso a paso cómo se debe realizar cada acción, poniendo énfasis en las medidas de seguridad.

Finalmente, es de vital importancia que el trabajador actúe de manera segura porque entiende que es por su bien, y no solo porque así lo requiere la empresa. Esta parte es quizás la más complicada. Se trata de un proceso lento, pero si se trabaja con una buena base, haciendo partícipe a toda la plantilla, puede dar los mejores resultados.

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